Los Sonámbulos

De Edipo y los viejos ritos

En cascada, los casos de corrupción muestran la variedad de sus formas y la de sus autores. Si no es Oceanográfica, es Petróleos Mexicanos o Banamex; es el caso Monex, la línea Dorada del Metro y, en fin, que lo variopinto del asunto y la gravedad impondría la actuación de la justicia y, quizás, hasta la edificación de unas cuantas prisiones.

Pero tantos puertos recorridos en ese mar de hedionda pestilencia indican el clásico periplo con su final ampliamente conocido: el de la impunidad.

Con frecuencia sucede que el gran investigador del crimen resulta ser el asesino, como en la tragedia de Sófocles, en el pasaje del Edipo, Rey de Tebas, que busca al victimario de Layo, su padre, para hacer justicia.

Claro que el hijo y esposo de Yocasta, padre y hermano de sus hijos, tuvo al menos el decoro de solicitar su destierro, infligiéndose heridas en los ojos para no ver a los suyos en el infierno.

Pero en nuestro país, salvo algunas caídas de la gracia de los poderes formales y fácticos, grotescas parodias del porfiriano y temido dilema: "encierro, destierro o entierro", después de la rapiña se pasa a una curul, a la dirección de un partido, a una embajada, a una gubernatura, a una alcaldía o alguna empresa o fundación. La cárcel no figura en ese itinerario.

De modo que estamos en presencia del muy socorrido y emergente "ritual en reversa", con un poco de condena pública para hacer eficaz la restauración del orden político y económico, buscando sobre todo amortiguar esto último, aunque el objetivo es dejar todo impoluto y, desde luego, con sus respectivos mártires de la infamia, víctimas de la ingratitud de los órganos de fonación de siempre y de parte de una sociedad que todo les debe y, ciertamente, primero los aplaudió hasta el delirio.

¿Va a suceder algo en estos corruptos episodios? Nada. Y esto no es adivinar ni porque no se quiera que, por fin, la ley haga su presencia imperial, sino simple sentido común frente a un sistema político y económico que ha obtenido campeonatos por esos y otros trastupijes, lubricantes sin los cuales los motores no funcionan.

Tarde o temprano todo queda en exhibición porque nunca faltan infidentes; hasta el robo de partidas presidenciales "secretas" ha quedado en evidencia, pero fuera de la denuncia pública no hay más.

Atracos que prácticamente han dejado a la nación en paños menores, como los realizados por banqueros y otros hombres de dinero para aportar al engendro del Fobaproa -hoy IPAB-; casos como el Pêmexgate, Los Amigos de Fox, ahora el de Monex, y tantos y tantos capítulos de ex gobernadores infumables -Arturo Montiel, Humberto Moreira, etc.- y otros que legal y moralmente debían administrar y cuidar los dineros públicos porque no son suyos, pero que ahora figuran en sus patrimonios, generalmente con el ensayado argumento de: "es herencia de mi abuelo".