Los Sonámbulos

Dogmas: el año de la consolidación



Como en los dulces cuentos dickensianos, al viejo avaro se le aparecieron los fantasmas y en un tris amaneció como un raro converso: arrepentido de su proceder, presto a compensar a sus empleados por tanto maltrato y a distribuir generosamente su riqueza (ajá).

Esa fue la última venta, en plena temporada navideña, de uno de los modelos económicos de saqueo probado, cuya impronta ha dejado más miseria que riqueza en nuestro país, según evidencian todas las maniobras para aplicarlo.

De ahí que si por algo debe recordarse este feneciente año de 2013, es precisamente por la consolidación de un dogma económico, el neoliberal en su versión más salvaje, que acabó por pulverizar las reminiscencias de otro no menos corrupto y depredador, simbolizado mediante el petróleo.

El último reducto que le faltaba por ocupar lo ha invadido en medio de un despliegue de incienso hacia los facilitadores, anunciando otra vez lo de siempre y que solo ha llegado para 30 familias en igual número de años: crecimiento económico y prosperidad (ajá, otra vez).

"¿Qué puede ser más fantástico e inesperado, y hasta más inverosímil, que la realidad?", se preguntó en alguna ocasión Dostoievski, amante confeso del realismo que linda con lo fantástico.

Interpretada esta actitud, la verdad no se esconde tras los hechos reales, eso que se puede ver y palpar, sino al modo de asumirse frente a ella.

Por eso en nuestro país un dogma económico y político puede sustituir a otro, pregonando las albricias de un supuesto mundo nuevo que está en el horizonte, aunque muestre la fatiga y muchas y graves dolencias justamente por el afán de esas novedades.

Un rosario de devastaciones permanece solo en el presupuesto de Egresos de la hacienda pública nacional para su pago correspondiente, y no en la memoria, como el Fobaproa y otros fraudes.

El nuevo estilo del "ser conservador" se revela entonces en mostrarse como un revolucionario de avanzada, casi un rojillo, yprofundizar dogmas de importación al tiempo de proclamar patrióticamenteel paraíso, retocando sólo las arrugas ahí donde la jovialidad pasó de noche y hace tiempo que se fue.

Al final y según un clásico del realismo descarnado, ante la impostura lo que queda generalmente es la quimera, una más y otra vez, como único consuelo.