Los Sonámbulos

(Des) Obediencia perfecta

Por más empeños que se han hecho para domesticar a la "bestia", ésta se las ingenia para volverse contra sus domesticadores. Es antiquísima la dedicación de voluntades aparentemente humanistas y abiertamente deshumanizadas por hacerse del control, pero siempre hay rebeldes.

Esa es una de las grandes lecciones del caso "Marcial Maciel", recreado en la película "Obediencia perfecta", de Luis Urquiza, pasaje tenebroso de una congregación religiosa, la de Los Legionarios de Cristo y su fundador.

Al final, el auto-candidateado a ser canonizado terminó descendiendo todos los círculos del vate Alighieri no como acompañante, sino como un ser extraviado en su falso paraíso.

Un tema que, abordado unos siete u ocho libros desde distintos ángulos (incluido el del asunto de las mujeres, integrantes de Las Consagradas del Regnum Christi -Nelly Ramírez Mota Velasco), trasciende lo temporal y se ubica como un fenómeno religioso y social, con sus filosas aristas económicas -por el peso de los patrocinadores- y también políticas, donde la manipulación deforma la esencia del ser humano y lo "despersonaliza", lo "cosifica".

Digresión necesaria por parte de un diletante -hereje- en chunches de platós y otros recintos: no es posible afirmar que la película haya llevado público a las salas debido al polvillo morboso -la pederastia-, pero si así fue, seguro hubo narices dañadas porque las escenas "hardcore" -duras- fueron ignoradas (ni los realizadores ni el director se dejaron llevar por la comercial pornocultura actual que, si se atiende la biografía del personaje, daría para una saga estilo George Lucas, con todo y el lado oscuro del poder, ejercido durante más de medio siglo).

En esto tuvo mucho que ver la caracterización de Juan Manuel Bernal como el cura Ángel de la Cruz -Maciel- "padre querido" de los "Cruzados de Cristo"-, una actuación lo suficientemente gráfica, tan elocuente en su expresión corporal (se puede leer la denuncia de las víctimas) que un "cuadro" parecido incluso al de una "serie picosa" habría echado todo a perder. Sebastián Aguirre (Sacramento) hizo de víctima de tal manera, que explica todo el vaciamiento interior del que ha llegado a ser objeto el individuo.

La película proyecta descuidos y omisiones graves de una religión en torno de su prestigio y su quehacer, por eso la jerarquía ha optado por hacer suyo aquello de que "el realismo no existe", de Orson Wells.

Sin embargo, en esto eso sucede como en el "Macabracadabra" de Guillermo Cabrera Infante, donde la renuencia del cadáver -el de Maciel Degollado y Los Legionarios- lo convirtió en el peor de los muertos.

(No fue puntada incluir el tema de "Simpatía por el Diablo" de los Rolling Stones pues, como ser sabe, ésta pieza es una parodia de la estupidez humana que responsabiliza a El Maligno de su cretinismo).