Los Sonámbulos

Costumbres monacales

Desde el ejercicio del Poder público, los espíritus lubrificantes de magníficos negocios privados han dejado huella en todas las épocas, tanto en aquellas consideradas como "precapitalistas" como en las actuales.

En esto no ha habido siempre el afán patrióticamente "desin-teresado" (si es que algo así existe) o la mera aspiración, mínima y modesta, de pasar a la posteridad, no para figurar como un "santo" o mártir de los sentimientos nacionales, sino nada más para hacerle la vida imposible a los iconoclastas.

En su detallada y estupenda "Historia del Análisis Económico" (Ariel), Joseph Alois Schumpeter da cuenta, por ejemplo, que el capitalismo no "estalló en un mundo vacío", sino que fue creciendo en forma gradual y a partir de una estructura preexistente, "dominada... por el espíritu, las instituciones y la práctica de las corporaciones gremiales", es decir, "políticas públicas y prácticas privadas monopolísticas".

De ahí proviene todo pues lo anterior consistía, entre otras cosas, en "excluir del comercio, en la medida de los posible, a todos los compatriotas que no pertenecieran al grupo favorecido: por ejemplo, excluir a los vendedores al por menor del tráfico general de los mercaderes" (punto éste de modernísima aplicación).

Schumpeter refiere que los gobiernos de los estados nacionales "tenían sus propios motivos para crear o favorecer ese tipo de prácticas", como por ejemplo, la "reconstrucción", pero existía también "la perspectiva de la ganancia personal para los gobernantes.

"La reina Isabel de Inglaterra participaba personalmente de las ganancias (y las pérdidas) de aventuras y empresas "monopolísticas", incluso de los frutos de manifiestas rapiñas", dice el economista (si esto empata con cualquier capítulo del momento, como el escándalo Casa Blanca de "la señora de la casa", es simplemente porque la historia, fábula de un incesante volver a empezar según los clásicos, ha seguido su curso).

Hay que decir que todo esto sucedió en los épicos tiempos del imperio bucanero, con Francis Drake a la cabeza, distinguido como "Sir" por sus heroicas depredaciones en las aguas del Siglo XVI, tal como ahora se designaría a cualquier devoto de doctrinas económicas devastadoras como "pensador del año" o similares.

"La misma gran reina -continúa Schumpeter- ofrece destacados ejemplos del método de atender a los favoritos facilitándoles patentes de monopolio", pero destaca que en esa época prevalecían gobiernos fuertes que podían exprimir más fácilmente las "esponjas monopolistas" que a "decenas de empresarios independientes" (pp. 192,193 y 194).

Narraciones en este sentido hoy serían imposibles porque los "estados fuertes" han sido borrados por la geografía capitalista, pero quedan émulos de algunas costumbres que ofrecen material sin remilgos.