Los Sonámbulos

Cerebros en crisis

En otros tiempos igual de turbulentos de la economía, estudiosos y acuñadores de conceptos pudieron salir en auxilio de depredadores, especuladores y toda una recua de estafadores, y lo hicieron con relativo éxito. Había exploradores de fórmulas que las hacían acompañar de felices expresiones que buscaban, sinceramente, salir del atolladero.

Eran entonces todavía épocas de cierta ingenuidad y de investigación permanente. Así fue, por ejemplo, luego del Crack del 29.

Pero la debacle actual, postrado el mundo tras seis años de las devastadoras hipotecas subprime en Estados Unidos, provocó también una grave crisis de cerebros.

Nada más hay qué ver de qué manera los voceros del modelo de la economía vigente buscan justificar lo injustificable. El último término para darle un cariz amable a la grosera concentración de la riqueza es el de filantrocapitalismo. Circulan ya algunos textos para dar a conocer "la buena nueva", la tabla que quizás mezquinamente Moisés se guardó para procurarse un acto sorpresivo luego.

¿De qué se trata? ¿Con qué se come esto? Bueno, habría que decir, a despecho de sus autores, que el término hunde sus raíces en esa deleznable -por los dueños del dinero- práctica de la caridad pero en la cual, para despojarla de esos ropajes miserables, se le añade el ingrediente infalible de la fuerza del mercado con los supuestos principios que lo sostienen para aplicarlos en el sector social.

Lo anterior no dice absolutamente nada, pero según los nuevos profetas, el mundo se salvará gracias a estos principios ejecutados por renovados especímenes caídos del cielo, imitadores franciscanos que ahora no tienen empacho en desprenderse de algunos millones y andar casi descalzos.

Políticas asistencialistas, de corte mendicante, eso es un espacio exclusivo de los demagogos que representan al poder público. El filantrocapitalismo está lejos de eso y es, pues, el último descubrimiento, una vía que muestra que es posible un cambio en un mundo inhóspito y violento.

Así, no se ofende al talento que, a punta de jugar en los grandes casinos casabolseros, se ha hecho de un lugar en esa jungla.

Véase aquí, en nuestro país, como el monopolio quiere mutar de nombre, llamándose ahora "agente preponderante", un tanto para no lastimar a las 30 familias dueñas de la economía pues se trata, a final de cuentas, de un fenómeno endogámico donde una parte de la familia está en el poder publico y la otra en el económico.

Pero el lance es también se ha fomentado con fuerza para no evidenciar a cerebros que no pueden dar más de lo que no tienen, mera ocurrencia con sus trompeteadores de ocasión.

En el caso del "filantrocapitalismo", el sólo terminajo es sospechoso y podría resumirse de una manera que, ciertamente, no gustaría a sus propagadores:

Consiste en repartir lo que con monopolios, especulaciones y estafas se ha logrado, y todo con el exclusivo fin de poder continuar especulando y, según se dice, así poder seguir cambiando al mundo. Un estupidez, vaya.