Los Sonámbulos

Sobre nuestros “Cachacos”

Por esas extrañas operaciones aritméticas aplicadas por los encargados de contar los votos, cada tres años la minoría se transforma en multitud y de esa manera se conserva, al menos hasta ahora.

"Los veíamos como usufructuarios únicos del poder político", cuenta García Márquez sobre los "Cachacos", esos nativos del Altiplano a quienes se atribuían cosas horrorosas (incluidas decapitaciones a punta de machete) y quienes aireaban sus "ínfulas de emisarios de la Divina Providencia" ("Vivir para contarla", Diana, p. 55)

Imagen aborrecible para Gabo, en nuestro país los "Cachacos" creen que son parte del decorado, aseguran que las cosas marchan sobre ruedas y hasta se arrogan como portavoces del mutismo social, movido acaso por gérmenes guerrilleros defensores de prebendas (las que sus pares oligarcas les quieren escamotear y por eso corresponden en la misma forma en la concurrencia de las apariencias cívicas).

Dicen que la de democracia es una estructura de Poder que se construye de abajo hacia arriba y que, en cambio, la autocracia organiza al Estado de arriba hacia abajo. Eso es justo lo que hoy sale a contar votos para legitimarse.

Lo de menos es el color. Si algo han probado las elecciones de los últimos 20 años es que se puede pintar la fachada, darle una retocada, pero no realizar tareas más profundas en el edificio. De hecho, los casos más sonados de corrupción, de desfalco y de impunidad se han dado en medio de lo que algún mal contador de peores chistes denominó "normalidad democrática"; recórrase de 1994 a la fecha y se verá que lo peor siempre es posible.

También, los fraudes financieros, los más descarados timos con cargo al erario para favorecer una economía especuladora y de mediocre crecimiento, se ha acentuado en este período democrático de "sufragio" no tan efectivo como facilitador del reciclamiento de clanes familiares y de grupos.

El capitalismo neoliberal, con todo y los sobresaltos violentos de los últimos años, con todo y su ostentosa mediocridad de los últimos 33 años, sabe que bajo esta democracia reaccionaria, si no ganan los hijos, ganarán los entenados. No hay pierde.

Están en su derecho los que crean que una nueva conformación en el Congreso federal va a modificar el modelo económico depredador y empobrecedor que se viene aplicando, pero nuestros "Cachacos" son bastante predecibles y propensos a la "negociación", si no de prebendas o favores, de reciprocidad en la distribución de los cargos públicos (finalmente, son parte del sistema económico y político)

No comparto la violencia como vía de transformación, pero tampoco merece ningún crédito la falsa estructura de las reformas estructurales o cosas semejantes, estafa de nuestro tiempo.

A la democracia hay que darle otro sentido y con ello al voto. O asumir las consecuencias.