Los Sonámbulos

Antropofagia civilizada

De entre la fealdad cotidiana, el discurso económico y político no desmayan empeños para que los mortales, generalmente fallos de entendederas e incluso ingratos, puedan apreciar, mínimamente, todo lo que la "modernidad" y el "progreso" ha hecho y hace por ellos.

Empezando por la armonía y la paz, entre los cuales no deben faltar nunca los normales y cíclicos sobresaltos, daría la impresión sin embargo que esos conceptos han pasado a formar parte del lenguaje de algo parecido a un compendio filosófico, político y económico intimidatorio, donde cada mención indica en realidad una no tan oculta antropofagia civilizada.

Por ejemplo, no hay necesidad de hablar de "las tinieblas neoliberales" que, bajo los auspicios de supuestos demiurgos invisibles, no alcanza el rango siquiera de una "fantasmagórica acción a distancia", un fenómeno entre perturbador y burlesco, cada vez más apartado de la realidad, motivo de sátira ahora en cintas de hematófagos inconformes con la devastación del mundo por parte de "zombis" (o sea, nosotros), en las que los vampiros se mueren por haber ingerido sangre humana contaminada (el colmo).

Con escuchar proyectos encaminados al "progreso" es suficiente para provocar sobrecogimientos pues, como los viejos agitadores utopistas, sus proclamadores se han vuelto charlatanes contra su voluntad.

Tal vez por eso alguna vez Freud llegó a decir que la prueba más palpable de la existencia de vida inteligente en otros planetas es que no nos han visitado.

Un poco exagerado el hombre del Diván, si se quiere, pero si esas fuerzas del progreso están acompañadas por una visión de pretendida "modernidad", estamos entonces en presencia de un coctel francamente espeluznante.

Nada más haya que de recordar lo que tal terminajo ha llevado implícito en la historia, desde que en el Renacimiento una mente como de de Leonardo Da Vinci se dio a la tarea de imaginar y crear no sólo la sonrisa de La Gioconda, sino también máquinas para crímenes en masa. Y de ahí para adelante, hasta llegar al experimento nuclear de Hiroshima y Nagasaki de conocidas consecuencias.

Quizás por ello nuestros intelectuales se han dado a la tarea de acuñar y profundizar otros conceptos, tales como "postmodernidad" (o ahora "transmodernidad"), buscando algún resquicio para poder dejar atrás siglos de canibalismo modernizado y progresista.

Esfuerzos sinceros por someter los instintos de la bestia, por domesticarlos, no han faltado, pero el caso es que en política y en economía se desbordan y, en los hechos, han difundido que la barbarie y la incultura son signos de un presente que está en vías de glorificar un peor futuro.

El fatum ha estado trazado en una dualidad fúnebre que hasta ahora no ha sido superada: todo progreso conlleva un retroceso, y la modernidad implica lo bello y lo siniestro.