Areópago

..Y los veneros de petróleo el diablo

Cuando la Revolución mexicana estaba afanada en darle rumbo al país, al inicio del siglo XX, el petróleo mexicano jugaba un importante papel en su futuro. Se trataba de un recurso que se estimaba valioso apoyo para el despegue del desarrollo. El poeta zacatecano, Ramón López Velarde, daba el toque poético al momento histórico, señalando la posible tentación de codicia que provocaba el energético para un futuro diciendo: “El niño Dios te escrituró un estableo, y los veneros de petróleo el diablo”. Ciertamente una riqueza del cielo para esta Nación y el peligro del maligno que mete la cola en el momento más inoportuno. El Episcopado mexicano, cuando vio la importancia del petróleo, apoyó al General Lázaro Cárdenas, a pesar de las tensiones existentes en ese tiempo entre Iglesia y Estado. El Episcopado Mexicano promovió varias colectas nacionales para ayudar a la expropiación petrolera y le ofreció, al gobierno de entonces, hacer una labor de convencimiento en católicos ricos para que apoyaran el proceso de expropiación.
Para aquella nacionalización petrolera, el Presidente Lázaro Cárdenas contó con el apoyo de obreros y campesinos, por los beneficios que les había dispensado a estos sectores sociales. Cuando vinieron las presiones internacionales, el gobierno mexicano estaba bien plantado en su suelo. Fuerte. Pero desde entonces, el petróleo mexicano ha sido una tentación fuerte para las potencias extranjeras y argumentan como si sólo ellas supieran como hay que hacerle para el éxito. Cuentan con el apoyo de élites mexicanas, que piensan en inglés y obran conforme a los intereses extranjeros, no mexicanos.
No hace muchos que el Cardenal de Guadalajara, Francisco Robles, en su calidad de Presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, hacía notar que las famosos “reformas estructurales”, impulsadas por el actual gobierno federal, estaban siendo protestadas por grandes sectores de la población mexicana. Las Cámaras legislativas, sin ningún miramiento, han aprobado leyes financieras, educativas, de comunicaciones, petroleras, con discutibles beneficios para  la clase media y una condescendencia con las clases ricas, y sobre todo, para favorecer a las compañías trasnacionales. Con sus leyes, promueven la devastación, y todavía añaden una vacilada nueva con la fijación de los llamados “salarios mínimos”, que aunque esto último no se decide en las Cámaras legislativas, son consecuencias lógicas de este modo de actuar. Todo se legisla al revés: leyes para favorecer a los acaparadores de riquezas, y despojo cada vez mayor para el pobrerío. Su mundo al revés, porque piensan que si a los pudientes les va bien, los demás, aunque sean millones, son “descartables”.¡Qué listotes!