Areópago

El salario mínimo

El primero de mayo nos recuerda el día del trabajo. El gobierno actual está más preocupado por la macroeconomía que por la economía de los trabajadores, de las amas de casa. Ha pensando como solución, que los ricos sean más ricos a los que les pide que abran fuentes de empleo dizque para aliviar la crisis económica. No se ha preocupado por una mejora sustantiva de los salarios, sino aumentos de vacilada diseñados por la comisión tripartita de salarios mínimos, que, como es obvio, nunca mejoran con el alza de impuestos, los aumentos  mensuales de la gasolina, luz, agua, etc., que son daños a los que muy atentos están en la clase política para ofrecerles a los pobres dádivas  para que  no protesten. Vendrán pronto las elecciones estatales ¡y qué ingenio para darle paliativos a la gente! La pobreza es una palanca política para los políticos tradicionales.
El 30 de abril, se publicó una noticia en la que se daba cuenta del trabajo de varias universidades mexicanas y una norteamericana, en torno al salario mínimo para los mexicanos. La universidad Iberoamericana estaba dentro de ese trabajo de peritos. Dicen esas universidades, que de acuerdo con lo que ordena la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en cuestión laboral, vistos los condicionamientos actuales, el salario mínimo mexicano debería ser de $ 16.444.00, M.N (diez y seis mil cuatrocientos cuarenta y cuatro pesos mexicanos). De paso, advierten los peritos de las citadas universidades, que el salario mínimo ha ido dañando a la población mexicana, en forma severa, desde 1982.
No hace mucho tiempo, el día del trabajo servía para que, el gobierno mexicano se congraciara con la clase obrera y los representantes gubernamentales encabezaban el desfile obrero. Pero ya hace lustros que el gobierno en algún recinto cerrado, celebra con algunos pocos obreros el día del trabajo, mientras las calles de la capital y de la provincia son ocupadas por los obreros, que generalizan reclamos y gritan lo que quieren a las autoridades que nos gobiernan. Por lo menos, es su día de libertad de expresión, aunque “ni los oigan ni los vean”. Así dijo el que los estaba viendo.
Allá por 1961, el hoy San Juan XXIII publicó su Carta Encíclica “Madre y Maestra” en la que al hablar del salario, recordaba que para fijarlo no debía observarse como criterio la competencia del mercado, ni que se fije al arbitrio de los poderosos. El criterio principal debe estar a favor de la vida digna del trabajador y que le permita hacer frente con dignidad a sus obligaciones familiares. Un salario justo es la seguridad del país, la eliminación del narcotráfico y el freno de la violencia, sobre todo el quietarle posibles militantes al crimen organizado. El salario justo es otra de tantas formas de trabajar por la paz.(V/2/2014)