Areópago

Les reitero mi profunda disculpa

Al promulgar el presidente de la república, las leyes anticorrupción, Enrique Peña Nieto, no dejó de sorprender a algunos sectores de la población cuando dijo: “Les pido perdón. Les reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio y la indignación que les causé”.

La impresión general interpretó el dicho de Peña Nieto con relación, por lo pronto, a la famosa “Casa Blanca” de él y su esposa. Que de primer momento se aferraron a defenderla como una adquisición legal, por la que no debía de haber “fijón”, pero el mismo Peña Nieto admitió que no pudo vencer la percepción que el pueblo tenía, no solo por ese inmueble, sino por otras comodidades desmedidas, exhibiciones de modas, y más cosas.    

Desde luego que no está mal la petición tardía de perdón, que debió extenderse a más realidades que acompañan la conducta pública de la pareja presidencial. Por dinámica, el proceso de perdón, se acompaña del arrepentimiento, el reconocimiento de la totalidad de la culpa, el propósito de la enmienda, el rehacer el daño. Porque el asunto se ve grave, cuando se observa que algunos gobernadores que están por entregar el poder, organizan la retirada con un serie de protecciones legales para que de nada se les pueda acusar. Luego tenemos deudas los ciudadanos que ni cuenta nos dábamos.    

No cabe duda que este acontecimiento, juntamente con las leyes anticorrupción, son un paso alentador. Pero eso no quiere decir que quienes viven de la corrupción, estén derrotados. No se legisla para las intenciones, sino para los actos irresponsables.  

Así como los jóvenes, en busca de mejorar su condición económica, se enganchan en un barrio con un narcotraficante, también la clase política se suele enganchar en algún proyecto “legal”, donde nade le pueden hacer, porque la ley es la ley, y ya sabemos que en México, las leyes las hacen los hombres –no son códigos divinos inalterables por los hombres- y cuando perjudiquen al bien común, no se pueden cambiar, mientras no lo pidan los empresarios; los demás, aunque invadan las calles de todo el país protestando.    

Esto que comentamos, no deja de ser un logro de la sociedad civil que actúa en el campo de la política, con un empeño apasionado para que se realice el bien común que a todos aprovecha. El campo del bien común es muy amplio, apasionante, donde se encuentran creyentes de diversos credos, no creyentes también, con una voluntad común llena de generosidad.


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