Areópago

El presbítero José Rodríguez Tenorio

El 4 del presente diciembre falleció el presbítero José Rodríguez Tenorio, originario de la antigua Hacienda de Trancoso, Zacatecas. Estudió su filosofía y teología en varios seminarios del centro del país, y llegó a Torreón para ordenarse de sacerdote bajo la responsabilidad de Dn Fernando Romo Gutiérrez, como  obispo “benévolo”, con fecha del 23 de marzo de 1965..    Su ministerio sacerdotal lo ejerció en las parroquias de Catedral, San Rafael que aún no era parroquia, San Juan Bautista, Sagrado Corazón de Jesús y volvió a Catedral, siempre de vicario parroquial y de ésta última parroquia, pasó a ser Rector del Cristo de las Noas. Ya entrada la década de los años setentas, acompañado de varios laicos, hizo un viaje por varios países de Sudamérica. Regresó impresionado por el Cristo Corcovado del Brasil. En conversaciones de mesa, en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, manifestó su propósito de construir un Cristo monumental, en el Cerro de las Noas, donde ya existía uno  de regular tamaño, construido por el sacerdote de la Compañía de Jesús, Manuel Herrera. Propuso el proyecto al P. Herrera, y con el P. superior de los jesuitas, a quienes convenció y de esta manera inició una aventura en  la que no pidió apoyo a ningún presbítero, sólo que para su ejecución, necesitó la aprobación el Sr. Obispo, Dn. Fernando Romo, a quién le ofreció que el monumento sería un homenaje por sus veinticinco años de Obispo, aunque no estuviera terminado para la fecha del 19 de abril de 1983.Pero desde antes a esta fecha, promovió las romerías a tal lugar. Hasta el episcopado mexicano se trepó a la montaña. Al monumento al Cristo se fueron agregando: el Santuario, salones aledaños. Teniendo la Tierra Santa como paradigma, fue añadiendo un buen número de capillas, como réplicas de Tierra Santa.  El P. Rodríguez vivió para cumplir con ésta obra que estaba en su mente. Él mismo logró darle renombre. Poco a poco comenzó a decir que el monumento religioso era un centro turístico, con lo religioso a espaldas. Hacía declaraciones sorprendentes a la prensa, que costaba creerle: afirmaba que en Semana Santa subirían al cerro más de cien mil personas. No se ruborizaba cuando decía que él era “el más humilde de los sacerdotes”, o “el más pobre”. Para allegarse recursos se poyó en gobernadores, presidentes municipales, militares de alto rango, funcionarios de todo tipo, a quién se sabía que les daba por su lado, porque lo importante eran los recursos.