Areópago

Las preferencias del diario

Reproducimos parte de una nota periodística publicada por MILENIO apenas el día de ayer, que se nos hace oportuna por estar a las puertas de la Semana Santa, tiempo fuerte para la reflexión. Dice la nota: “El Papa Francisco lamentó el linchamiento de un joven ladrón, perpetrado hace días en la ciudad Argentina de Rosario, y aseguró sentir personalmente dolor por este hecho que provocó la muerte del joven”.
“Jorge Mario Bergolio se refirió así al episodio de un correo electrónico dirigido a los hermanos Carlos  y Rodolfo Luna, dos amigos de hace años que viven en Suecia, pero siguen de cerca lo que ocurre en su país”.
“Me dolió la escena. Es “Fuente ovejuna”, me dije. Sentí los golpes en el alma. No era una marciano, era un muchacho de nuestro pueblo; sí, es verdad, era un delincuente”, escribió el pontífice…Me dolía todo, me dolía el cuerpo del muchacho, me dolía el corazón de aquellos que lo golpeaban. Pensé: a este joven lo formamos nosotros. ¿En que fallamos?, añadió.
Esta sensibilidad es cristiana. No porque lo diga el Papa El Evangelio está lleno de enseñanzas donde aparece que al malo y al delincuente hay que tratarlo con benevolencia. No son más importantes las leyes que las personas. “Todo el rigor de la ley” no viene a ser una expresión de la justicia que lleve a la caridad, sino una expresión de la enorme soberbia humana que se enseña contra el delincuente, como aparece en las sentencias judiciales con acumulación de décadas, o en las penas de muerte que tan frecuente aplican nuestros vecinos del norte, que más parecen sentencias contra la tirria de ser mexicanos o  latinoamericanos. “El que se sienta seguro que tiene la primer piedra”, queda anulado por las rigurosas leyes humanas.
Muchos cambios de mentalidad hacen falta para que el modo moderno de pensar esté acorde con la dignidad de la persona humana. Es necesario que libremos a las leyes de ser fetiches. Si no conducen a salvaguardar a la persona en su dignidad. “¿En qué fallamos?”, sigue siendo la pregunta, si  los delincuentes llegaron a eso, tiene que haber una raíz educativa que lo explique, y un sistema que responda por la vida digna de quienes roban por necesidad.
Atendamos a lo que dice el Papa Francisco: “No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre”. Estas puntualizaciones no quieren decir que no se castigue el delito, pero que no sea su aplicación una expresión de enorme soberbia humana que se ensaña contra el delincuente.