Areópago

No era penal. ¡Gool!

Algunos laguneros vieron más trascendente marcar su boleta electoral del pasado 6 de julio, con la leyenda “No era penal”. Por el lugar que le dan MILENIO diario, en primera plana, la indignación moral del votante, tiene más alcances de un voto, en unas elecciones que al pueblo coahuilense le importan poco, según nos reportan datos de que sólo un 40 % cumplió con su responsabilidad cívica.El futbol nos da lecciones. La historia registra el hecho de un futbolista que se negó a tirar un penal que no vió justo. No es caso único. Esta indignación moral que merece tanto elogio, otros piensan en contrario y aprovechan la falta del árbitro para meter un gol, que no tiene mayor ciencia, pues en general, se trata de una ley de paredón contra porteros hábiles, experimentados, pero que pocos son los que impiden el gol. Ya sabemos que a México le fue mal con los árbitros, Frente a Holanda le marcaron un penal inexistente. Pero no deja de sorprender el que comentaristas tan experimentados, pronto justifiquen el gol injusto. Y es para reflexionar.Esto nos lleva a pensar que el espíritu de la chapucería es patrimonio de multitudes. Esto contradice al más limpio y noble sentido del deporte. Se proclama como reclamo de multitudes el juego limpio, pero ya cuando lo estamos jugando, pareciera que toda norma moral, ética, se borra del modo de penar de multitudes. Esto no deja de ser preocupante ya que en la práctica se va contra lo que es la nobleza del deporte. Si se dice que es un ejemplo para los niños, que es una justa educativa, ¿cómo les explicamos la validez de éstas chapuzas.Eso que pasa en las canchas de futbol, se repite en las canchas de la ciudadanía con la práctica de la democracia. En estas canchas todos somos actores y tenemos graves deficiencias en el juego cívico. Según la concepción más limpia de democracia, las elecciones de un estado tienen por finalidad nombrar a los representantes del pueblo, para la cámara de diputados. Pero la democracia en Coahuila es protegida. Algunos partidos en lugar de ser escuelas para formar ciudadanos responsables, se transforman en instituciones de beneficencia y de favores cerca de las autoridades constituidas. Se busca a la gente de poder no para que cumpla con el encargo para el que se le eligió, sino para que haga favores, dispense multas en las oficinas municipales o estatales, etc. Pocos se fijan en que es una vergüenza que un partido político gane todas las diputaciones, que luego se justificará dejando las diputaciones plurinominales a la oposición, o sea las plurinominales, minorías con el derecho al pataleo inútil, que las pierden de todas todas, por destino manifiesto.