Areópago

Que el mundo se abra a Cuba…

El 19 del presente diciembre, Barak Obama, presidente de los Estados Unidos y, Raúl Castro, presidente de Cuba, simultáneamente dieron la noticia a sus pueblos y al mundo, que terminaban más de cincuenta años del bloqueo económico a Cuba y que ambas naciones se disponían a nombrar sus respectivos embajadores, además, como signo de buena voluntad, ambas naciones liberaban presos que mantenían en sus respectivas cárceles, para crear un clima de entendimiento. Se hacía resaltar la intermediación del Papa Francisco y los buenos oficios de Canadá para que las partes en conflicto llegaran a un común acuerdo.     En el año 1961, Estados Unidos decretó un embargo económico a la isla cubana, con la invitación a todas las naciones del mundo a que hicieran lo mismo. Pronto Estados Unidos se quedó solo en este empeño. Cada año, la Organización de Naciones Unidas (ONU) promovía una votación para anular el citado embargo y a pesar de que una abrumadora mayoría votaba contra la propuesta de Estados Unidos, éste país no hacía caso, desprestigiando así su política exterior. Pero la propaganda contra Fidel Castro, casi como si fuera el diablo en el mundo, más el apoyo de la nación más poderosa del mundo, a los  rebeldes anticastristas, hicieron de la nación cubana como el símbolo de la maldad.     Por parte de la Iglesia Católica, no es fortuita la intermediación del Papa Francisco. Desde el inicio del Conflicto, en la época del Papa Juan XXIII, los obispos cubanos permanecieron en un actualizado diálogo con la Santa Sede,, en algunos casos pidiendo a episcopados de otras partes del mundo a que tuvieran cuidado en sus juicios sobre Cuba, cuyo gobierno fue en extremo cuidadoso en mantener el diálogo con la Sede Apostólica. En 1998, Juan Pablo II hizo una Visita Pastoral a Cuba, quién aprovechó el escenario internacional que le proporcionaba el acontecimiento, para decir: que el  mudo se abra a Cuba y que Cuba se habrá al mundo, pensamiento que no dejó de molestar a quienes veían como un campaña contra el diablo, el eliminar a Fidel Castro, como signo de la maldad en el mundo.    Juan Pablo II, pidió a los episcopados  latinoamericanos que enviaran a Cuba misioneros sacerdotes. México, con algunas diócesis, dieron su aportación. De Torreón partieron a Cuba el P. Oscar Raynald, jesuita y un equipo de monjas filipenses.  El CELAM fue invitado a realizar una de sus reuniones reglamentaria en la isla cubana, lo que de buena gana realizaron.