Areópago

La información de calidad

La información periodística está frente al paredón que le planta al frente a un inmenso público fascinado por las redes sociales, que se están constituyendo en verdaderas alternativas frente a los grandes medios de comunicación social de televisión, radio, prensa, agencias noticiosas, etc. Se trata de la revolución informativa donde la enorme cantidad de noticias provoca, entre otras cosas, que el destinatario de la información termine por “hacerse bolas” y no creerle a nadie.
     No hace muchas décadas en las que la libertad de expresión y la verdad fueron los pilares indispensables de la ética informativa. Pero ahora, con el portentoso desarrollo de las tecnologías de la comunicación, la libertad de expresión cede el terreno, en forma sostenida, al imperativo del lucro. Se puede mentir sobre la utilidad de productos; se puede engañar a los pueblos en la democracia cuando se dan informaciones interesadas en trepar al poder a como de lugar, con otros propósitos, como las famosas “reformas estructurales”, al mismo tiempo que la verdad queda sin importancia informativa.
     La verdad es un oxígeno de la comunicación periodística y cuando nos falta, se debilita la memoria histórica del pueblo, y como resultado inmediato, puede venir la manipulación o el desden por la comunicación, dado que no se cree a quienes comunican por los medios informativos. Quienes mal informan, por su falta de moral, son en parte responsables de este descuido del pueblo que no quiere leer ni enterarse de las noticias. Gran parte de la apatía del pueblo está originada en una desinformación.
     Es cierto que una labor de luchadores sociales está en dar herramientas para una visión crítica de los medios, que lleve a una purificación de sus contenidos. Es tarea popular el ayudar a conocer la manera de entender y leer los mensajes de los medios de comunicación social. Al mismo tiempo hay que advertir que es nefasto el desentenderse de lo que dicen, incluso por salud. No es sano que alguien piense que lo mejor es no enterarse de las noticias, para vivir en tranquilidad. La noticia dada apegada a la verdad, es sana tarea para el bien de todos.
     Es preocupante la publicidad sobre el mejoramiento de las condiciones económicas del pueblo mexicano, con el apoyo en las reformas estructurales. Tan débil está su argumentación como cuando nos avisan que va a bajar la gasolina, en contra de sábados siniestros en los que en las gasolineras sólo nos avisan que ya subió más el explosivo líquido. Así por el estilo: impuestos, luz, agua, etc. ¿Cómo creerles contra la realidad que no miente?