Areópago

La iglesia, que es un pueblo de pobres

El Papa Francisco envía su mensaje de Cuaresma con el tema de la pobreza, diciendo: “En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres; y salvando al mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es pueblo de pobres”.
Invita a pensar con hondura, cuando dice: “La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral, la miseria espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural”…
“No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros –a menudo joven- tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza!..
“El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente, el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna”…
El mensaje papal está orientado a suscitar, durante las cinco semanas de Cuaresma, una serie de consideraciones que conduzcan a edificar una comunidad auténticamente cristiana. Se parte de la afirmación de que la fe no es un asunto de vida privada, como lo sostiene el mundo, sino un asunto comunitario. La fe, bien fundada, tiene una proyección social, que influye en el cambio de las personas, y por medio de tal cambio, en el cambio social. El mundo de la corrupción, de la pobreza, de la violencia, de la simulación, ect., es todo un entramado social que no cambia hasta que se da un cambio del tejido social, que actualmente está demasiado roto y es necesario rehacerlo. Aunque esto no es sólo tarea del hombre de fe, sino de toda persona de buena voluntad.