Areópago

¿A qué hora la Mitra; a qué hora se quita?

El 29 de noviembre se llegó a la anunciada ceremonia de Consagración episcopal de Monseñor Luis Martín Barraza Beltrán, en el Coliseo Centenario, teniendo como consagrante principal al Nuncio Apostólico en México, concelebrantes los Arzobispos de Chihuahua y Durango, el 2°. Obispo de Torreón, Dn. Luis Morales Reyes, el tercero de Torreón, ahora Obispo emérito, Dn. José Guadalupe Galván Galindo, 26 obispos más y alrededor de 300 presbíteros de las diócesis de Torreón, Chihuahua, Ciudad Juárez, Tarahumara, Nuevo Casas Grandes, el sur de los Estados Unidos.

Del Coliseo se puede decir que estaba lleno. El sabor, el estilo de la ceremonia tenía mucho de la antigua Región Pastoral del Norte, a la que con mayor razón se palpa ahora con un obispo chihuahuense. La presencia de sus papás, hermanos y familiares, le da un aire de confianza. En su primera intervención, el nuevo obispo hace énfasis en una pastoral y espiritualidad que nace del Evangelio, origina familia y tiene un carácter misionero.

Inmediatamente comenzó el nuevo caminar del Obispo, acompañando a los jóvenes en su peregrinación guadalupana. El día 4 por la mañana, un encuentro con el presbiterio de Torreón en el Seminario Mayor, en el que a cada presbítero se le dio tribuna libre para que dijera quién era y que se suponía que hacía. Como era tribuna libre, unos hablaron con parquedad y otros se lucieron diciendo lo que muchos no sabían. Todos sinceros, aunque algunos se adornaron.

Dn Martín dijo a los presbíteros, que aún no salía del asombro,  que todavía se equivocaba mucho. ¿A qué hora se pone la Mitra un  Obispo, a qué  hora se la quita? Qué sabía que debía pagar costos por su novatez. Lo que tenía seguro es que la Diócesis de Torreón tiene años en su caminar: “Aquí están ustedes. Aquí están las muchas parroquias. Les dice a los presbíteros: ustedes tienen a la Diócesis en su corazón mejor que yo, pero yo debe de tenerla igual que ustedes. Sé que yo me la debo jugar por ésta Iglesia y para eso no debo ser un obispo referencial, para no echar a perder los valores que ustedes representan en ésta comunidad diocesana”.

En los círculos eclesiales y en los indiferentes a la Iglesia, la experiencia de un cuarto obispo para Torreón, es un hecho social e histórico que influye más allá de los ejercicios pastorales de la Iglesia diocesana.

Repercute también en la cultura y conlleva una dosis cargada de estreno. De estreno social con sabor a los acentos cristianos con sabor norteño y fronterizo. 


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