Areópago

Los excluídos, nuevos crucificados

Hoy se le conoce como Viernes Santo, tanto en las celebraciones de los católicos como en muchas otras denominaciones creyentes en Jesucristo. Se conmemora el hecho histórico de la muerte de Cristo en la cruz, fuera de las murallas de Jerusalén como un signo de rechazo al Jesús de Nazareth, que lo juzgaron las autoridades religiosas e imperiales de aquel tiempo, como un reo político de su tiempo, y por muchos motivos, como un personaje indeseable para aquella sociedad.     

Pero desde el mismo momento en el que le ponían mano, los creyentes vieron al Maestro, como el Salvador y Mesías y al paso de los años y de los siglos se hace una memoria histórica, que en la mayoría de los casos, va más allá de una costumbre, de un recuerdo, que lleva no sólo  a considerar el sufrimiento del Jesús histórico, sino también a tener una lectura espiritual que va más allá, tanto de las torturas individuales y de comunidades, que a semejanza de aquel torturado de Nazareth, hoy se tortura también a las personas y a las comunidades en su lucha por la verdad, por la justicia, por la igualdad social.     

No hace muchas décadas, tanto en manuales de Doctrina Social de la Iglesia, en libros de sociología, de historias de las comunidades, y hasta en libros piadosos, se hablaba de los pobres, de los proletarios; pero dentro de las décadas de los años noventa, se comenzó a hablar de los que no cuentan, de los excluidos, de los desechables, de los descartables y en lenguaje de políticos soberbios, se les comenzó a llamar como la población sobrante que desequilibraba el sistema económico, por los que nada había que hacer, aunque no se dejaba de reconocer el problema.     

Y he  aquí, que las noticias comenzaron a difundir en estas semanas el caso de los indígenas tarahumaras del Valle de San Quintín, en Baja California, con unos salarios miserables, condiciones de trabajo,  igual; con autoridades con una soberana irresponsabilidad ante los reclamos de la justicia social.

El caso se alarga, porque quienes debían de atenderlo rápido, no le da pena el invocar una serie de argucias legaloides, que revelan indolencia para la atención a los pobres. Son los modernos crucificadores, prepotentes, que no están dispuestos a mover lo que pueda ser mal visto por los propietarios de campos agrícolas en aquel estado. Se añaden a las listas de los desaparecidos, despojados de tierras, viviendas, ahorros, etc.