Areópago

¿Una democracia anémica?

En el último boletín de prensa, sobre participación electoral, de la Conferencia Episcopal Mexicana, los obispos mexicanos, entre otras preguntas de los ciudadanos, respecto a los candidatos a elección popular, insertaban esta: “¿Qué proponen para crear fuentes de trabajo y erradicar las causas de la pobreza, o seguirán teniendo a los pobres como clientela electoral?”.

Si los ciudadanos se comportan como clientes electorales, seguramente tendremos una democracia anémica, donde ni se exija la rendición de cuentas, la transparencia vale gorro, y la pregunta del ciudadano común sea que dádivas ofrece cada partido político.

Los politólogos señalan que la función de los partidos políticos es llegar al poder, mediante una capacitación cívica de los ciudadanos.

Sin olvidar que en la presente elección hay también candidatos independientes.

Se llegan las elecciones federales y no falta partido político que señale que transparenta por internet, todas las dádivas, olvidándose que el deber político fundamental de los partidos es no dar dádivas.

Pero bien se sabe que mientras exista la pobreza, el ciudadano empobrecido no tendrá ganas de hacerse preguntas que la generalidad de la gente no se hace ya que, el hambre aprieta bastante.

Pero no deja de ser un acto de deshonestidad la del candidato que precisamente de apoya en el hambre del pueblo para trepar al poder.

Cuando llegan al poder los que podemos catalogar como cómplices de los que actualmente han hecho un mal papel, no cabe duda que allí han llegado gracias a una ciudadanía poco informada, poco formada. No podremos tener una democracia madura si no tenemos una ciudanía madura.

Los propuestos por los partidos políticos, ya son candidatos fatales, pero le queda al ciudadano la posibilidad de no apoyarlos, y si casi a nadie conoce, por lo menos que se pregunte cómo hará que su voto no  sea nulo.

El auténtico ejercicio de la democracia es vital para la vida del pueblo.  

Si no confiamos en las instituciones que tenemos ni aún en el prójimo aunque sea nuestro vecino con el que convivimos a diario, viviremos en una sociedad de incertidumbres, de desconfianzas sin reconstruir un tejido social que nos ha roto la pobreza, la violencia, la delincuencia. Por la situación de crisis por la que pasa el país, no nos queda desperdiciar el tiempo con indolencias que atrasan los procesos de rehabilitación del pueblo.