Areópago

El corazón en la Ley

Allá por 1810, iniciado el proceso armado de la independencia nacional, en la ciudad de Morelia, el cura José María Morelos y Pavón, le ofreció sus servicios a su antiguo maestro, el cura Miguel Hidalgo y Costilla, quién le pidió que para ampliar la ofensiva, se ocupara de incendiar el sur de México. Morelos pronto dio muestras de su capacidad acumulado más victorias militares que su maestro, y rápido entendió que toda victoria en un territorio, era territorio ganado para la causa de la independencia, Algunos otros caudillos comenzaron a sugerir la elaboración de una Constitución para la que se veía venir como Patria libre. Así nació la Constitución de Apatzingan, en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero.     Para inaugurar tan notable evento, Morelos elaboró una motivación para los congresistas, que se leyó en pleno. Lo que entonces dijo, está muy lejos de lo que ahora sucede, como lo siguiente: “Quiero que tenga la Nación un gobierno dimanado del pueblo y sostenido por el pueblo. Quiero que hagamos la declaración de que no hay otra nobleza que la de la virtud, el saber, el patriotismo y la caridad, que todos somos iguales pues del mismo origen procedemos, que no haya privilegios ni abolengos; que no es nacional ni humano que haya esclavos, pues el color de la cara no cambia el del corazón ni el del pensamiento; que se eduque a los hijos del labrador y del barretero como al del más rico hacendado; que todo el que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche, que lo ampare y lo defienda contra el fuerte y el arbitrario…”     También está  muy lejos de lo que hoy en día elaboran nuestros legisladores en diversos niveles, sobre el contenido humanista de las leyes, que deben de tener al hombre como su centro, como cuando Morelos dice: “Quiero como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”.     La corrupción, la avaricia, las visiones tecnócratas sobre finanzas, educación, telecomunicaciones, energéticas, laborales, políticas han producido unas leyes que llevan al país al precipicio. Prueba de ello es que no se llenaron las plazas del país para agradecer las “reforma estructurales y que por el contrario, a lo largo y ancho del país está sembrada la inconformidad por muchos y muchos sectores del pueblo. Las alzas siguen. No se elaboraron leyes pensando principalmente en el bien de los que cada día van en un proceso incontenible de empobrecimiento. No se ha legislado, según los “sentimientos de la Nación”, como lo quería Morelos. ¿Pues qué nos dicen cuando quieren nuestro voto? (9/12/20114)