Areópago

El absolutismo histórico del liberalismo

Del 5 al 8 de abril, se realiza, en la casa de episcopado mexicano, en la ciudad de México, la asamblea plenaria de los obispos mexicanos, que llevan a cabo dos por año. En el presente año se renueva toda la mesa directiva de los obispos, con 70 cargos adicionales.

Lo que no se entiende es que en esta jornada electoral, los obispos no pelean cargos ni los desean porque a más de su cargo pastoral en la diócesis, se les añade uno adicional, que no es apetecible, pero tienen que ser corresponsables con los demás obispos en el manejo de las tareas de evangelización en todo el país.

Además, la tarea de la presente asamblea se determinó que fuera el estudio de todas las homilías y discursos del Papa Francisco que pronunció en México con ocasión de su visita pastoral a éste país, el pasado mes de enero. Algunos comentaristas poco enterados en marcos históricos y filosóficos con respecto a la vida de México, como país, en las recientes semanas, aprovecharon para hablar dizque de un enfrentamiento con el Papa, por los obispos mexicanos, ya que el  Papa hizo ciertas observaciones severas a obispos, pero también las hizo a políticos, a familias, a religiosos y religiosas. Nada extraño. En parte a eso venía.

Entre otras cosas, se dijo que el episcopado mexicano buscaba cambios de leyes por su búsqueda del poder, como el tener medios de comunicación propios, mayor apertura del Estado en educación, el que los clérigos puedan no sólo votar sino también ser votados, etc.

Quienes ven esto mal, se olvidan que las leyes del país, aún contando con los cambios en materia religiosa y cultural, en 1992, se hicieron bajo la visión histórica del liberalismo absolutista del siglo XIX, que quiso someter a la Iglesia al régimen absolutista, dando una libertad de culto sólo en el aspecto privado, sin repercusión de la fe en  la vida social, dando por resultado el que sólo las fotografías entre autoridades civiles, militares y religiosas, hablen de buenas relaciones, pero no en el plano de una verdadera respetabilidad de la Iglesia.

A este respecto, es bueno recordar que al Estado le toca legislar sobre la civilidad de sus ciudadanos, entre los que están los clérigos pero no porque se quiera una revancha histórica contra la Iglesia católica, por los enfrentamientos del siglo XIX, ya por eso se les mutile la ciudadanía a los clérigos, hecho que si estudiaran el Derecho Canónico, se darían cuenta que la Iglesia  prohíbe a los clérigos promocionarse para puestos públicos. Lo que la Iglesia recha es la mutilación ciudadana de los clérigos.

¡Entiendan!