Areópago

Voz del Episcopado sobre Ayotzinapa

El Papa Francisco, en la Audiencia General de 29 de septiembre, dijo esto: “Quisiera hoy elevar una oración y traer cerca de nuestro corazón al pueblo mexicano, que sufre por la desaparición de sus estudiantes, y por tantos problemas parecidos. Que nuestro corazón de hermanos esté cerca de ellos orando en este momento”. El breve mensaje papal le dice al mundo que hay un gravísimo problema de violación de derechos humanos en México; que entre líneas se deduce que hay actores relevantes como son las víctimas, las fuerzas siniestras que cometen el delito, las complicidades de las autoridades que retardan las investigaciones, las leyes mal hechas que permiten la evasión de culpables por comisión o por omisión. La voz papal es como una trompeta potentísima que llama la atención del mundo, de gobiernos y de muchas instituciones internacionales.Hay que hacer notar que los obispos mexicanos traen una preocupación por la paz con justicia y dignidad, que se expresó en forma preponderante con su Carta Pastoral “Que en Cristo nuestra Paz, México tenga vida digna”, del 15 de febrero del año 2009. Tal documento ha generado una cantidad enorme de estudios, reflexiones, encuentros, ejercicios cuaresmales, viacrucis, etc., que son trabajos que se desarrollan desde los más apartados rincones, llamado a la toma de conciencia sobre todo para que los jóvenes no se enganchen ni en el crimen organizado ni en aventuras de riesgos innecesarios. Se trata de un quehacer que va desde la base, que poco se manifiesta en las calles, pero que en forma casi anónima, se incorporan a la protesta social. En ese peregrinar de consuelo, activamente, va el pueblo reconstruyendo el llamado tejido social.Además, abundan las voces de obispos, presbiterios, congregaciones de religiosos y religiosas, que en medio de la tempestad social, levanta la voz exigiendo justicia. Obispos como el de Apatzingán, Morelia, Saltillo, Acapulco, San Cristóbal de las Casas,  Ciudad Victoria, sin dejar de mencionar varios pronunciamientos de la Comisión Nación de Pastoral Social y sobre todo, de la Conferencia Episcopal Mexicana. Todas estas voces episcopales manifiestan una sensibilidad pastoral en torno a las víctimas –entre las que se cuentan un buen número de presbíteros torturados y hasta asesinados-; además, para que estos pronunciamientos se den, los obispos cuentan con el apoyo de sus presbiterios y de sus organizaciones laicales. Pero aún falta mucho para la paz con dignidad y justicia. Caminemos aún.