Areópago

¿Vale la pena preguntarse por la fe?

El próximo 24 de noviembre clausurará el Papa Francisco “El Año de la Fe”, que inauguró el Papa Benedicto XVI, el 11 de octubre de 2012, para conmemorar el 50° aniversario del inicio del Concilio Vaticano II, y el 20° aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. Ambos eventos tienen una amplia repercusión en el comportamiento ético de los creyentes, por la proyección comunitaria que dan a su fe. No obstante su importancia, el moderno movimiento de secularismo le ha dado un gran juego a la indiferencia religiosa, y ésta, en sus efectos, es más perniciosa que  el ateísmo.
     En los círculos eclesiales, en todos sus niveles, se han dado jornadas y eventos relacionados con el asunto de la fe, que no es problema menor en la conciencia social actual. Ya se sabe que durante el “Año de la Fe”, se dio el hecho de la renuncia del Papa Benedicto XVI al puesto de supremo pastor de la  Iglesia católica, sin  que esta perdiera su dinámica evangelizadora con el nombramiento del nuevo Papa Francisco.
    Con fecha del 29 de junio del presente año, el Papa Francisco publicó su primera Carta Encíclica que llamó: “La luz de la fe”, advirtiendo desde el principio que agradecía al Papa Benedicto XVI el aporte que había dejado, que aquel asumía y solamente añadía algunos retoques a su mensaje. La primera Encíclica de Francisco ofrece observaciones sencillas y profundas sobre el tema de la fe, en relación clara a los problemas modernos del hombre actual, que en general, piensa que la fe pertenece exclusivamente al ámbito de la vida privada. La Iglesia, con su bien fundamentada teología, sostiene lo contrario: la fe, aunque es un don interior, tiene una proyección social, tanto individual como comunitariamente. No está por demás anotar que la citada Encíclica debe formar parte de las lecturas y reflexiones de toda persona culta, aún no creyente.
     La fe, como acto interior, no debe confundirse con  la privacidad, tampoco con  la ingenuidad, ni con la falta de búsqueda de la verdad. El actual mundo, tan lleno de incertidumbres, de dudas, de violencias, de bajas en el sentido comunicarlo, tanto religioso como civil, ect., necesita de una fe que lleve a los humanos por  caminos de  búsquedas sensatas donde al lado hasta de quien no piensa como nosotros, busquemos un mundo de justicia, de paz. Mucha falta hace una fe madura, aún a los políticos que por falta de ella, ensartan una cadena de mentiras, pensado que el pueblo es lo  ingenuo que ellos piensan. Al Años de la Fe no le atinamos a su sentido si sólo  la dejamos  para la privacidad, o para la dispersión cuando cada quién piensa que se trata de hacer lo que a uno le venga en gana y creer tan variado como si se tratara de elecciones de mercado.