Areópago

Terrorismo: violencia ciega

Encimado en la Semana Santa, se vino el ataque terrorista en la ciudad de Bruselas, en Bélgica, conmoviendo a tantas personas en el mundo, y dejando una estela de preguntas, ¿Por qué pasan estos acontecimientos violentos tan desagradables? El Papa Francisco de inmediato reflexionó frente al pueblo, en una audiencia pública diciendo: “Aseguro mi oración y mi cercanía a la querida población belga, a todos los familiares de las víctimas y a todos los heridos. Dirijo nuevamente el llamado a todas las personas de buena voluntad para que se unan en la unánime condena a estos crueles abominios que están causando solo muerte, terror y horror”. El Papa calificó éste evento como “violencia ciega”.    

En plena Semana Santa, es pertinente recordar que todo creyente es por deber, una conciencia de paz, la que a diario debe construir con esfuerzo tenaz para lograr acuerdos mediante el diálogo. Se sabe que la experiencia de la humanidad ha ido caminando de etapas salvajes hacia metas de paz cada vez más estables Incluso ya se lucha,  por el cambio de algunos códigos que quedan en algunas naciones que aún aplican la pena de muerte, para que se eliminen, lo mismo que cambios en las leyes para que se humanicen las cárceles y que sea  la inserción social una tarea que se inicie en las familias, en las calles, en los centros educativos, en los centro de trabajo.   

El terrorismo está calificado como una violencia ciega que por su mismo hecho, desmerece, si es que alguna causa alega. Se trata de un acto de violencia que no avisa el que lo comete. Tampoco tiene frente sino que es acto anónimo. Que no ve con amor al adversario sino que lo agrede sin que el ofendido sepa cuál es la causa. Ataca a un creyente que no se resigna a la victoria de la barbarie, porque lo que se quiere es la paz.    

Los cristianos inspirados por San Pablo, decimos que “Cristo es nuestra paz” y que con la ofrenda de su vida, hizo del pueblo creyente y el pueblo pagano, un solo pueblo, al que en términos bíblicos y litúrgicos, llamamos Pueblo de Dios, que peregrina en la historia, entre las tristezas del mudo y sus gozos. Esto que no deja de ser una motivación religiosa, no exclusiva de católicos, en tiempos de Semana Santa se nos presenta como hechos para hacer maduras reflexiones que nos lleven a caminos que conduzcan a la paz, que no son fáciles, porque implican el respeto a la dignidad de la persona humana, a salario  justo, a delicadeza en todo trato humano, etc., caminos por donde hay mucho que meditar.