Areópago

Semana Santa y Pascua de 1857

Presentamos un conflicto histórico que revela las razones contundentes para la separación de la Iglesia y el Estado, promovidas por los obispos mexicanos, pero impugnadas por los diversos personeros del Estado mexicano, que no dejaron de luchar, cerca de la Santa Sede para lograr un acuerdo, llamado Patronato o cosa parecida, que le diera superioridad al Estado mexicano sobre el nombramiento de obispos, división de las diócesis,, etc., tesón que se terminó hasta el decreto de separación por parte del Estado mexicano en 1859.

En 1856, el Presidente de la República, Ignacio Comonfort, liberal de tendencia conservadora, convoca para la elaboración de un nueva Constitución, con la advertencia de que serán excluidos los militares y los clérigos que en los anteriores treinta años habían participado en estas tareas, por las que se sabe que había obispos senadores, obispos diputados, así como clérigos altamente calificados en labores legislativas.. Pero a pesar de muchas exclusiones, la Constitución se elaboró en 1856 y se firmó el 5 de febrero de 1857, ordenando las autoridades del país, que en las Catedrales y templos mayores se repicaran las campanas y se hicieran actos especiales de acción de gracias.

Pero la Iglesia no quiso porque la tal Constitución tenía artículos que iban contra los derechos de la Iglesia.

Se comunicó a Roma la información y el Papa Pío IX alzó la voz de protesta  en la línea planteado por los obispos mexicanos.Mientras tanto, México siguió siendo escenario de muchos descontentos.

Los obispos desterrados de su diócesis, el Estado mexicano se iba sobre los bienes y capitales de la Iglesia, con actos que eran verdaderas extorciones y al mismo tiempo, el gobierno mexicano no dejaba de enviar sus delegados o ministros plenipotenciarios a Roma, buscando el Patronato a algún otro arreglo, que nunca llegó, porque lo que Roma no aceptaba, tampoco los obispos mexicanos que eran los principales informantes de Roma.

Pero a los gobernantes mexicanos les tenía muy sin cuidado losposibles arreglos con Roma, mientras pudieran hacer de la suyas, como lo intentó el gobernador  del distrito Juan José Baz. Ordenó al Arzobispo de México que a él y a su ayuntamiento, los recibirá en los oficios de Semana Santa de 1857, presentándose a las puertas de Catedral.

La autoridad eclesiástica se negó. El gobernador dijo que a balazos y bayonetazos se haría obedecer.  Pero ¡no!