Areópago

La Revolución mexicana

Muchos ciudadanos mexicanos les vale gorro la celebración de la Revolución Mexicana cuyo aniversario es el 20 de noviembre, ya que hay la tendencia gubernamental a olvidar la historia que marca el caminar de  la patria. Vivimos en una época en la que importa más el ser eficaces, el usar la tecnología de punta, en gozar la ventajas de la economía de mercado.

Los ciudadanos norteamericanos, también están distraídos con su Donald Trump, unos no saben para dónde va el país y otros piensan, los de raza blanca, que se vienen días en los que más fácilmente se harán ricos, conforme a las promesas de campaña.

Como quiera, traen la cabeza vuelta local, por haber decidido unas elecciones a la medida de sus ambiciones materialistas…

La llamada “Revolución Mexicana” o revoluciones para muchos historiadores, tiene sus antecedentes históricos que no se agotan en el derrumbe de régimen de Porfirio Díaz.

Las políticas  liberales iniciadas con la revolución de 1857, eran excluyentes, como lo demuestra el hecho de que el grupo liberal, triunfante por la fuerza de las armas, al año siguiente de que se fusila a Miramón, Mejía y Maximiliano, en 1867, inician un movimiento  nuevo con la fundación de la Sociedad Católica Mexicana, dispuesta a  trabajar el amplio campo social, económico, cultural-educativo, sin intervención directa en la política.

Con muchas  limitaciones, pero claramente situándose como una sociedad católica alternativa, que por más de30 años, en un trabajo tesonero, fue minando las bases liberales que prepararían el desmoronamiento del  régimen de Porfirio Díaz.

Dicen los obispos mexicanos: “Los católicos estuvieron presentes y participaron activamente en los inicios de la Revolución Mexicana de diversas manera y en diversos grados, por ejemplo al lado al lado de los movimientos y grupos sociales del momento: porfiristas, reyistas, maderistas, liberales y anarcosocialistas; sin embargo al sonar el llamado “campanazo político”, al comienzo del siglo XX, su participación tuvo un mayor grado y significado.

Dos parecen ser los hechos intraeclesiales sobresalientes que favorecieron este despertar: la doctrina y estimulo de la Encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII, y la experiencia favorable de la participación de otras naciones católicas en el campo de lo social”(Carta Pastoral de 2010, núm 44). 


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