Areópago

Religiosidad popular, baluarte de la cultura

La religiosidad popular, llamada también catolicismo popular, religión de masas, este último con menos acierto, se practica en la región lagunera por medio de peregrinaciones, cumplimiento de mandas, reliquias en las que se comparte con crecida generosidad los alimentos sin distinción de personas,  y en todas ellas, con el rezo del rosario. Su práctica más general está en las familias, los centros de trabajo, en las calles Es frecuente  el acompañamiento de danzas. Generalmente los templos son insuficientes. Se trata de una práctica tanto de la ciudad como del campo. Cada familia o persona que toma una iniciativa en este campo, lo hace con plena libertad, sin tener que reportar a ninguna autoridad.     Pastoralmente se juzga la religiosidad popular como una expresión de cultura popular, de esa que se hace fe y se encarna de muchas maneras en el sentir de la comunidad. Se trata de gente creyente que manifiesta públicamente su fe en un barrio, en la calle y donde quieren, con sincera y sencilla espontaneidad, sin avergonzarse ante nadie. Con firmeza y convicción, los implicados en un acto de religiosidad popular, manifiestan con gozo que tal práctica la traen desde sus papás y abuelos. A muchos intelectuales les cuesta mucho reconocer los valores culturales que en tales actos se juega. Piensan algunos que se trata de prácticas de gente inculta o enajenados, sin observar las convicciones y los sacrificios y entregas que se juegan en estos escenarios populares religiosos. La religiosidad popular es la fe del pueblo sencillo que se hace vida y cultura, es el modo peculiar con el que el pueblo vive y expresa su amor a Dios, a la Virgen María, a los santos, tanto en un ambiente privado como público.     Pastoralmente a la Iglesia le incumbe acercarse a la religiosidad popular con ojos y observación de pastores. Es lamentable que un acto de religiosidad popular prescinda de la Iglesia, como comunidad de fe. De alguna manera creativa, hay que buscar que se de esta conectividad. Es lamentable, también, que se omita una relación vital con la misa. Pero también es lamentable que alguien participe en una peregrinación aprovechando para saludad a los espectadores de las banquetas, o que se vaya a una reliquia sin ningún otro interés más que el que le llenen la vasija que apronta, y hasta exija que se la llenen hasta el borde, porque tiene mucha gente que le espera  en casa. La reliquia es una participación de bienes, no una oportunidad para hartar a los oportunistas.