Areópago

¿Qué? ¿Cuál Navidad?

Apartir del 16 de diciembre, se inicia un período más intenso de preparación a la Navidad. Todavía hay las tradicionales “posaditas” con su ritual popular; las pastorelas en las que los adolescentes desean ser actores, lo mismo ángeles que demonios;  la Virgen, San José, los pastores, son actores que entusiasman y se quieren representar. Pero en ésta sociedad secular, existen paralelas prácticas que no caminan a la par con los ambientes religiosos. Se tienen cenas, bailes, etc., que no guardan ningún referente con lo religioso. Ni les preocupa ni les ocupa.
A este respecto, ha sido por demás certero el Papa Francisco en las observaciones que hace en su Exhortación “El Gozo del Evangelio”, recientemente publicada –noviembre 24-, en la que dice: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”.
Acentúa el Papa: “Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes corren también ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentido, quejosos, sin vida. Esa no es la opción de una vida digna y plena, ese no es el deseo de Dios para nosotros, esa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado”(Num. 2).
El consumismo, como desorden en la vida, no deja de ser como una droga, una enajenación, una sordera que no dejan entrar la sensatez en la conducta, para consumir sólo lo necesario, como es lo recto. Con realismo advierte el Papa que no por tratar asuntos tan importantes van a leer su documento, pero no deja de señalar las consecuencias de vacíos espirituales severos que se dan cuando la vida busca el placer en el consumo.
Navidad, más que tiempo del consumo, debe fomentarse como tiempo para el desarrollo de la comunidad, empezando por la familia, las Comunidades Eclesiales de Base y pequeñas comunidades. Las parroquias, que nos son “una estructura caduca”, si están significando seriamente la convivencia con los vecinos, donde todas sus comunidades tienen una coordinación y un centro común. De alguna manera, hay aplicaciones semejantes para centros de enseñanza, culturales, centros de trabajo, sindicatos, y las asociaciones de vecinos que se organizan para la promoción de su comunidad y la defensa de sus intereses. ¿Cuál Navidad? La que nos integre mejor como creyentes y como ciudadanos.