Areópago

¿Para qué Licenciaturas de Filosofía y Teología?

El que la Secretaría de Educación Pública (SEP), recientemente haya reconocido como válidas para adquirir licenciaturas, a los estudios que ya desde años se hacen en el Seminario Diocesano de Torreón, en esas concretas ramas del saber humano, pone a consideración la reflección sobre el para qué de las licenciaturas de filosofía y teología, disciplinas no tan aceptadas en los círculos universitarios del país.Sobre todo, en las tres últimas décadas, se ha dado un cambio en pocas universidades de nuestro medio nacional. Ya varias universidades tienen esas asignaturas e incluso, el doctorado; no sólo universidades privadas, sino también oficiales. Lo que se llaman estudios eclesiásticos, se están impartiendo cada vez con mayor afán, entre los que están los estudios historiográficos. Ya hay una extraordinaria literatura de la historia de la Iglesia. La llamada “Cristiada”, ha suscitado un interés fuera de lo que hubiéramos pensado hace cuarenta años.Cierto es que cuando avanzó el conocimiento de las ciencias experimentales, no faltaron quienes pensaron que filosofía y teología, que  se presentaban también como ciencias, pero que su campo estaba como auxiliares para que los descubrimientos científicos conservaran su lugar como servicio a la dignidad del hombre, pero este modo de pensar no tan fácil lo admitieron los del pensamiento científico, que juzgaron que tanto la filosofía y la teología tenían el papel de no comportarse como un estorbo para el avance de la ciencia y la técnica. Hoy en día ya no se piensa tan fácilmente así ya que tanto filosofía como teología participan en la mesa redonda de los conocimientos humanos, para que quede claro qué aporta cada ciencia a la dignidad de la persona humana.La SEP ha señalado al Seminario diocesano de Torreón, la exigencia de que abra sus aulas para alumnos de ambos sexos, de todas las religiones y a los ateos. Se sabe que mediante un proceso, se va a lograr esta exigencia académica. Sin duda que tal apertura beneficia al mismo seminario, porque sus alumnos se ponen en contacto con otros modos sanos de pensamiento; también conduce a un beneficio para la sociedad civil, tanto por el mismo contacto con seminaristas como con la Iglesia, ya que el Seminario diocesano es parte integrante de lo más apreciado por todos los grupos eclesiales. También será una manera de promover vocaciones sacerdotales y religiosas, como también el desarrollar una conciencia eclesial y laical, en el corazón de las estructuras sociales, políticas, económicas, etc.