Areópago

Jesús De Nazareth y Jesús Sánchez

Estando a las puertas de la celebración de la Navidad, es oportuno tener en cuenta a la Patria descuartizada por los acontecimientos de Tlatlaya, Ayotzinapan que sólo son el paradigma de lo que viene sucediendo en México desde hace lustros, reflejo del debilitamiento de las instituciones impartidoras de justicia, de los partidos políticos que no responden a sus fines, de la democracia que se vende por tarjetas de débito, tinacos, cemento, palancas con políticos convenencieros a los que se les faculta para que arreglen recibos de agua, luz, predial.     Desde una visión de fe, caminamos por un debilitamiento de la vida cristiana; debilitamiento del sentido de Dios y el poco aprecio al prójimo como hermano, de la falta de compromiso ciudadano. La situación de inseguridad y de violencia que vive México; la falta de credibilidad en quienes gobiernan al país, la corrupción como campeonato del cinismo, la apatía del ciudadano como persona de fe, hacen difícil el interés por el bien común, tan vital para que nos comprometamos unos por otros. La Navidad nos proporciona un feliz evento para no ignorarnos unos a los otros y fraternizarnos como deber clave de fe. Pero corremos el riesgo de vivirla como una etapa anual de consumo y de gozo superficial, entre suculentas comidas o cenas y felicitaciones huecas. Ojala tengamos una fiesta plena de sentido humano y cristiano.     En estos contexto navideños, tenemos que comentar que a los seis días de fallecido dl P. José Rodríguez, 4 de diciembre, murió también el P. Jesús Sánchez, que al momento era Capellán del templo de la Divina Providencia, ubicado en las cercanías del vado del Río Nazas. Rebasaba los noventa años de vida y sesenta y siete de vida ministerial. Cumplió muchos encargos en el Arzobispado de Durango, en l Obispado de Netzaualcoytl  y sus últimas décadas desempeñó su ministerio en la Diócesis de Torreón.     Por sus largos años, le tocó manejar con erudición y sabiduría la teología tradicional, que se apoyaba en el Concilio de Trento y del Vaticano II, combinándola  con el Concilio Vaticano II. Ágil en la argumentación, no se quedaba atrás en las argumenta iones eruditas. No escondía sus razonamientos. Don José Guadalupe, Obispo de Torreón, alguna vez elogió la manera como el P. Jesús Sánchez estaba gozando su ancianidad. Ahora cuando ya sabemos que no llegó a la presente Navidad, sabemos que éste Jesús, se fue a gozar de la amistad sin límites de Jesús de Nazareth. Sea.