Areópago

Formación permanente

Del 11 al 14 de febrero, se llevó a cabo, en el centro Saulo, un taller impartido a presbíteros, en el que participaron alrededor de cincuenta, con el tema: “La formación permanente”. Lo impartió el presbítero José Luis Ferrer, doctorado, y miembro del cuerpo de maestros de la universidad Pontifica de México. Aunque el enfoque estuvo orientado específicamente a la vida sacerdotal, por su novedad e importancia, es bueno compartir las líneas fundamentales para lectores abiertos al ejercicio de la caridad, en toda su amplitud.
Cuando se habla de cursos de formación permanente, es común pensar que se está tratando de quehaceres que tienen la finalidad de que ninguna persona se quede atrás, razón por la que se estimula para adquirir conocimientos nuevos. Esto equivale a una actualización académica o profesional, que no deja tener importancia y su utilidad. Se trataría en este caso, no perder el tren de la cultura moderna, estándola tanto de los avances. Es muy común emplearse en estas tareas en los centros de algunos tipos de pizarrones para atender constantemente a la persona.
Lo anterior, que no deja de tener su razón de ser, no es tan importante como atender la formación permanente como una constante revitalización de la persona, para que siempre desarrolle lo que de acuerdo y a su experiencia, donde está la edad, puede darse. En este concepto nuevo de formación permanente, es difícil que se descarte la vejez o la ancianidad.
La persona, en este concepto nuevo, siempre está capacidad de darse, y como se siente útil, actúa con alegría y aplomos.
El tema de las actualizaciones siempre está en todas las actividades humanas. Se piensa que es mucho perder si por no estar a la altura de lo nuevo, prácticamente ya no es útil. El nuevo modo de pensar la formación permanente, no descarta alguna manera de actualización, nada mas que el magnifico detalle de que la persona no es descartable por algún defecto, por la edad o por los deficientes conocimientos.
 Con este modo de pensar, estamos ante un concepto de formación permanente más fincado en la dignidad de la persona y cuando se trata de personas mayores, como una espléndida oportunidad de aprovechar sus amplias experiencias, y mas, sobre la utilidad de las cosas, ya que la tecnología moderna nos está haciendo esclavos de los instrumentos tecnológicos, que debemos saber usar, pero sin que no mutilen el humanismo, que es vital.