Areópago

Encuentro Nacional de Red de Solidaridad Sacerdotal

Entrada la década de los años setenta, del siglo pasado, se generó, con el aporte de varias diócesis del país, un movimiento que se le llamó “Red Sacerdotal”, integrado por sacerdotes que generalmente trabajaban en apostolados de frontera pastoral, como era la promoción de campesinos, pobladores de periferia, centros de enseñanza universitaria, maquilas, cooperativas de ahorro y de consumo. 

Estos presbíteros, sin dejar sus labores ministeriales, ni enemistarse con sus obispos, se inquietaron por formas de pastoral nuevas, a  manera de Sacerdotes para el Tercer Mundo, en América del Sur, Sacerdotes obreros, en Francia, la Iglesia de los pobres que encabezaba el Cardenal Giacomo Lercaro, en Italia, etc.

En las diócesis de México, al amparo del Secretariado Social Mexicano, cuando dejó de ser organismo del Episcopado Mexicano, sin considerarlo como rebeldía, le dieron nacimiento, protección, base teológica, a Red Sacerdotal, que por otra parte, fue vista como una organización de simpatía que algunas veces servía al mismo episcopado como consulta en teología pastoral.     

En la Diócesis de Torreón, Red Sacerdotal fue ampliamente apoyada por lo que se conoció como equipo sacerdotal Nazas-Aguanaval, durante las décadas de los años sesenta y ochenta.

Nunca tuvieron una confrontación con la jerarquía católica, ya que el interés de red sacerdotal estuvo marcado por conocer la realidad, tanto nacional como regional, mediante métodos pastorales que se aplican al conocimiento de  la realidad, de ahí su habitual costumbre de estar a la escucha, al habla mediante la discusión, la apertura a nuevas experiencias pastorales, sin dejar los caminos propios.

Estos presbíteros no han sido conflictivos ni con su Obispo ni con su Iglesia Particular, pero sí abiertos a nuevos caminos.     

Los integrantes de Red Sacerdotal son nuevos y gente de experiencia que conocieron los movimientos difíciles de la puesta en movimiento del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla.

No han bajado la guardia desde las trincheras de los empobrecidos en las que trabajan; ni en apostolados generalmente abandonados por las parroquias, o la Iglesia institucional, pero sin dejar la institución, trabajan con lealtad, con voluntad propia, pues en general nadie los manda a donde están en su apostolado.

Esto hace que estemos ante presbíteros nada renegones, trabajan donde están asignados pero le mueve el tapete a más de dos tres comodinos, a los que no buscan hacer enojar.