Areópago

Dios vive en la ciudad

El 14 de septiembre, a las 20 horas, se celebró una misa en la plaza mayor de esta ciudad, presidida por el Obispo local y catorce presbíteros, para conmemorar el 107 aniversario de la declaración de Torreón como ciudad. El presidente municipal y su cabildo participaron juntamente con más de 3,500 fieles creyentes que hicieron acto de presencia en  el citado lugar.El Obispo dijo en su homilía: “La ciudad es la casa de los hombres y mujeres pero para los creyentes, la ciudad es la casa de Dios. Dios también habita en ella; camina en ella, se detiene en cada esquina, está presente en los lugares más conflictivos y pobres. Y si vive en la ciudad lo hace precisamente porque Él habita en todas las personas; nos dice el Papa Francisco: “Dios habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas. La presencia de Dios acompaña las búsquedas sinceras que personas y grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus vidas” (EG. 71).El Obispo habló de la torre de Babel construida por los hombres para una sociedad sin Dios, que nos relata el Antiguo Testamento. En la cumbre de su arrogancia los hombres experimentaron el desencuentro, al no entenderse, Babel pasó a ser el símbolo del desencuentro, de la destrucción de sus habitantes, en  las propias organizaciones y estructuras que iban construyendo.Por contraste con la Babel bíblica, los hacendados y campesinos de Torreón, en los inicios de ésta ciudad, construyeron un “Torreón”, una torre para observar el horizonte lagunero, el futuro inmediato y a largo plazo. “Nuestra ciudad nació  llevando en su nombre su más profunda vocación. Un torreón es una torre alta desde la cual el vigilante observa con atención el horizonte para contemplar lo que está por venir: gozarse por los tiempos nuevos e identificar las amenazas; vislumbrar, de acuerdo a las circunstancias los distintos escenarios posibles, y a partir de un proceso de discernimiento tomar las decisiones que le permitan, en su momento, actuar de manera adecuada para garantizar un mejor futuro”.Pero ahí, no faltaron participantes que se molestaron porque algunos católicos llevaban pancartas con textos del Papa Francisco, de su documento “La alegría del Evangelio”, tantas veces citado por el Obispo en su homilía, y exigieron se retiraran pancartas y mantas, dizque porque era un delito, Afortunadamente no se trató de una repulsa general, aunque sí se puede deducir que hay sectores de la ciudad que les ponen de nervios las pancartas o mantas, sin leer  los contenidos que de ninguna manera iban contra ese acto diocesano en plaza pública, sino era más bien un respaldo a la  Diócesis y a su derecho a presentar una proyección social de su fe en una plaza pública, según las enseñanzas ortodoxas.(IX/21/2014).