Areópago

Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días

“Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días”, dijo el Papa Francisco en su discurso en Ciudad Juárez frente al mundo del trabajo, donde insistió tanto en la necesidad de un diálogo sincero entre trabajadores y empresarios, proponiendo que en las negociaciones todos pierdan algo para que ganen todos. Insistió el Papa en la necesidad de que los sectores débiles no sean considerados en las negociaciones como perdedores inevitables para que el capital sea el primer criterio para los triunfadores, que suelen ganar de todas. Sus reflexiones las acompañó con referencias a su Encíclica “Laudato si”, sobre el cuidado de nuestra casa común.

     Hizo una defensa sobre la Doctrina Social de la Iglesia que ha sido acusada por muchos como una tendencia social que exhorta a crear instituciones de beneficencia y filantropía, señalando por el contrario que tal doctrina tiene por finalidad proteger la dignidad de la persona y favorecer dinamismos de transformación de la realidad. Lo que dice la Doctrina Social de la Iglesia no es en contra de nadie y a favor de todos.

     Mientras tanto, como ecos de la visita papal, quienes son señalados por los medios de comunicación social como peritos en el conocimiento de religiones, sin que sean tan acreditados en la vida religiosa, ni se les conozca una experiencia pastoral en la vida cristiana comunitaria, desde fuera de las fronteras religiosas, con principios meramente sociológicos, sin teología aguda, hablan de que el Estado mexicano fue violado en su laicidad, que al Papa le faltó hablar de varios temas, como desaparecidos, mujeres violadas, acosadas, desaparecidas, pederastía, etc., temas que ya están ampliamente abordados por éste Papa y los dos anteriores. Hay una obsesión para que se repitan los perdones papales ante el público y los medios de comunicación. Lo de la agenda papal tan apretada no se quiere considerar.

     El Papa Francisco insistió sobre la defensa del trabajo digno, con salario suficiente para que tanto el papá como la mamá dispongan de tiempo para jugar con sus hijos. Tanto a los jóvenes como a los del mundo del trabajo los invitó a soñar un México distinto al que se tiene, “donde no haya personas de primera, segunda o cuarta  sino el México que sabe reconocer en el otro la dignidad de hijo de Dios”. Se fue el Papa y no faltó el llamado perito en religiones que afirma que un ochenta por ciento de los Obispos aceptarán el mensaje papal de austeridad y cercanía con el Papa. ¡Ah que buenos son para adivinar! Admira su habilidad para el pesimismo.