Areópago

Descuartizamos la navidad

La Navidad, en su origen, es una fiesta de unidad y de paz. Pero al finalizar el año 2016, la experiencia nos habla de un descuartizamiento de la Navidad, o si se quiere, una adaptación a gustos contradictorios que no todos favorecen la armonía entre pueblos, familias y personas.

A nivel internacional, los ingleses hace poco realizaron un referéndum en el que prefirieron no estar con el mercado común europeo; los brasileños desconocieron una presidenta de república que habían elegido democráticamente; los nicaragüenses reeligieron un presidente de república que no debería estar tanto el  poder; los colombianos realizaron una votación nacional que por poco y mandan a la porra un proceso de paz; la raza blanca se impuso en Estados Unidos, eligiendo a un presidente de república que tiene en ascuas al mundo y a México en forma especial. La famosa globalización ha sufrido varios reveses. 

A nivel nacional no las cantamos mal. Con los salarios mínimos traemos enredos varios. Varios gobernadores que perdieron elecciones, ni fue porque el pueblo ejerció un papel de demócrata limpio, sino porque autoridades como la de Veracruz, Chihuahua. Quintana Ro ya tenían hartos a sus gobernados; la corrupción en personeros políticos nos habla de que la clase política del país no entiende las lecciones que el pueblo les quiere dar. En Coahuila actúan al amparo del silencio o sometimiento del pueblo.

Como no vemos claramente enmienda en nadie, la Navidad se vive fragmentada en la sociedad con bailes de Navidad, posadas de Navidad sin ninguna referencia a la unidad sino solo a los tamales, buñuelos, poche, sin que falte un tequilita u  otra bebida etílica, y no porque sea moralmente mala, sino porque la referencia a Cristo ni aparece ni  preocupa en esas convivencias, porque aunque los participantes sean políticos o especímenes parecidos; o también vecinos que tienen la buena idea de salir de la rutina o simplemente la convivencia, que  no está  mal, pero sin referencia Cristo. ¿Y las grandes cadenas comerciales? Reciben al cliente con música de santuarios, no porque interese lo religioso, sino para que consuma lo que ofrecen.

No es que no haya remedio para esta fragmentación de la Navidad. Pero sí que hay un remedio infalible, que está vida la orientación a Cristo, al amor a la justicia, a la verdad, a la honestidad, a la participación en el bien común. ¿No sería bueno comenzar una noche buena con una Eucaristía? Digo. 


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