Areópago

Cuaresma contra la globalización de la indiferencia

Iniciando la segunda quincena de febrero, nos llegó la Cuaresma que afecta a creyentes y no creyentes, modificando hábitos de alimentación, trabajo y vacaciones. Aunque es un tiempo marcado por características religiosas, muchos ciudadanos se enfrentan a este siclo, sin ninguna consideración religiosa y administran el tiempo como alta oportunidad de comercio y de esparcimiento.El Papa Francisco, oportunamente ha enviado un mensaje cuaresmal para que observemos “la globalización de la indiferencia, diciéndonos: “Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen…Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto,  y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos”.Al proponer el Papa Francisco una reflexión sobre la globalización de la indiferencia, ofrece elementos para cumplir una tarea con optimismo y alegría. Ya en su Exhortación La Alegría del Evangelio”, advertía que infinidad de tareas de espiritualidad, de transformación social, deben alejarse de posturas sombrías y de dosis de escándalos. Ofreciendo a los cristianos la necesidad de superar el aburrimiento. Fijémonos en lo que afirma en tal documento:“Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua. Pero reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo. Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aún en medio de las peores angustias” No olvidemos para las próximas semanas de reflexión, que ojalá sea profunda. (EG. Núm 23) (II-22 y II-20 de 2015)