Areópago

¡Basta ya!

El pasado 2 de diciembre realizó su peregrinación anual al Santuario de Guadalupe, de la ciudad de Torreón, el presbiterio local, los seminaristas, el personal de la Curia y de las oficinas y domicilios de las parroquias y capellanías. Alrededor de quince presbíteros se encimaron sobre las sotanas camisetas con el logotipo “Basta Ya”, añadiendo un texto del documento de los obispos mexicanos. El Obispo, Dn. José Guadalupe, presidió todo este evento y enfocó su homilía a la urgencia de la paz en el país y en la región lagunera, con argumentos valientes, certeros y hablando del sufrimiento de las víctimas de la violencia, sin olvidar Ayotzinapan, como paradigma. Este drama nacional, que incluye a la región lagunera, como una de las causas que la agravan, está la corrupción, no sólo en las autoridades.Recientemente el Papa Francisco ha abordado el tema de la corrupción en un discurso ante la asociación internacional del derecho penal, en el que pide la abolición tanto de la cadena perpetua, como la pena de muerte, que son equivalentes.Dice el Papa: “Hay pocas cosas más difíciles que abrir una brecha en un corazón corrupto: “Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios”(Lucas 12, 21). Cuando la situación personal el corrupto llega a ser complicada, él conoce todas las salidas, para escapar de ello como hizo el administrador  deshonesto del Evangelio(Lucas 16, 1-8).El corrupto atraviesa la vida con los atajos del oportunismo, con el aire de quien dice:  “No he sido yo”, llegando a interiorizar su máscara de hombre honesto. Es un proceso de interiorización. El corrupto no puede aceptar la crítica, descalifica a quien lo hace, trata de disminuir a cualquier autoridad moral que pueda ponerlo en tela de juicio, no valora a los demás y ataca con insulto a quien piensa de modo diverso. Si las relaciones de fuerza lo permiten, persigue a quien lo contradiga.La corrupción se expresa en una atmósfera de triunfalismo poruque el corrupto se cree en vencedor. En ese ambiente se pavonea para rebajar a los demás. El corrupto no conoce la fraternidad o la amistad, sino la complicidad y la enemistad. El corrupto no percibe su corrupción”(Octubre 23 de 2014): Por las anteriores razones, las manifestaciones populares de inconformidad, bien que se estrellan frente a la tozudez de los corruptos. Pero no son inútiles.