Areópago

Alberto Suárez Inda, nuevo Cardenal mexicano

El pasado 4 de enero, el Papa Francisco sorprendió con el nombramiento de Cardenal al Arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, prelado que al inicio del año 2014, había presentado su renuncia al Arzobispado morelense, por haber cumplido 75 años, pero a mediados del año el Papa le contestó que por lo pronto, no se la aceptaba. Pero, se añade a este detalle, el hecho de que el Papa, en la nueva lista de 14 Cardenales, cinco de ellos ya rebasan los ochenta años.Pero además, se observa el hecho de que parece ser un respaldo del Papa a la labor pastoral de acompañamiento del grupo de Obispos que forman parte de lo que se conoce como “región pastoral de Tata Vasco”, donde están desde luego Morelia, Tacámbaro, Zamora, Apatzingán, Tlapa, Ciudad Altamirano, colindando con el Arzobispado de Acapulco, regiones donde los obispos han estado muy atentos a los sufrimientos de los pueblos asediados por la pobreza, el narcotráfico, la violencia y que han sido capaces de generar una protesta de carácter nacional e internacional, sobre todo por los casos de Tlatlaya y Ayotzinapa, que son casos emblemáticos de los sufrimientos de los mexicanos, sobre todo en estas tres últimas décadas últimas, donde los jóvenes han tomado un papel relevante en la protesta social, acompañando a los padres de familia a quienes no se les han dado respuestas convincentes de las desapariciones forzadas de los muchachos y los asesinatos.Además, se puede añadir otra consideración histórica, en el estilo de significados que suele imprimir el Papa Francisco a sus decisiones. El pontificado romano tenía un pendiente histórico con el Arzobispado de Morelia. El 4 de abril de 1850, moría el Obispo de Morelia, Dn. Juan Cayetano Gómez de Portugal, que había gobernado su diócesis por 19 años, con gran tino, en tiempos en los que el ataque liberal a la Iglesia se movía con virulencia. Cuando el cuerpo del Obispo Gómez y Portugal, estaba depositado en la Catedral, llegaron las bulas del Papa Pío IX, que lo nombraba primer Cardenal mexicano. El presidente de la república, que en aquel tiempo era el general Ignacio Herrera, pidió que tal dignidad se pasara a México o Guadalajara, arzobispados muy acreditados. La respuesta de la Santa Sede fue negativa, argumentando que era un reconocimiento a la persona del gran Juan Cayetano Gómez y Portugal, por méritos de un obispo tan amado.