Balurdo

RIP Rius, Sam Shepard, y Jaime Avilés

El 27 de julio  del 2017, la noticia que cimbró al mundo cinematográfico, teatral y literario fue que murió a los 73 años de edad, Sam Shepard, uno de los iconos de la contracultura norteamericana.   Se trata de una gran pérdida para la comunidad lectora y espectadora. Shepard es considerado como uno de los dramaturgos sustanciales del siglo XX.

El artista murió en Kentucky, Estados Unidos. Era un autor que sabía, sin duda, de la muerte y exploraba sus posibilidades y recovecos, de tal suerte que al  leerlo uno piensa en que la conceptualizó desde sus diferentes aristas. Podríamos, de manera simple, decir que fue la muerte una evocación, una reminiscencia, una realidad o simplemente un arquetipo soterrado en un universo “Junguiano”. Pero eso sería cuestión de una revisión más a profundidad de sus textos; que tal vez requiera de otros tiempos y otros espacios. En este ahora y dando una vista a vuelo de pájaro, rapaz y carroñero, podríamos decir que la muerte aparece en varios de sus escritos. Tanto en la poesía como en la narrativa y en el teatro. 

Así las cosas en un poema de Sam Shepard puede leerse “encontré una calavera de japonés/ junto al depósito de agua/las hormigas salían/de un agujero de bala/justo en la sien” y en el texto dramático Locos de Amor  podemos leer lo siguiente: “Y la madre de Eddie... (Pausa. Mira fijamente a EDDIE.) La madre de Eddie se voló los sesos. ¿No es verdad, Eddie? Se voló la cabeza de un tiro.”  Y  podemos encontrar  más referencias a la muerte en otros textos. Volviendo a su poesía podemos citar esta preocupación por “la calaca tilica y flaca” a veces como personaje simbólico,  otras como hecho,  otras como realidad: “la tierra transmite un mensaje/ lo exhala/lo capto al inhalar/mofetas/ conejos muertos/el calor del día se escapa” Una conceptualización forjada al temple que da el calor de la reflexión de lo vivenciado aunque, esto, al hablar de la muerte, nos suena a una dicotomía:   “las mujeres disparaban a la menor provocación/ a veces contra la sombra de otra mujer” Escribe  el multifacético creador.   

Por otra parte en esta primera quincena del mes de agosto de 2017 tuvimos en México la pena de perder, físicamente, a dos figuras del periodismo. Es el caso de caricaturista Eduardo del Río García más conocido como Rius. Mismo que falleció el 8 de agosto de 2017 en Tepoztlán, Morelos a los 83 años de edad. Siendo para muchos de mi generación un ícono de la contracultura mexicana.  Siendo, Rius, un crítico que utilizó a la caricatura como base central de su discurso contestatario en su momento y en su espacio. Pero dejó sin duda un legado bastante amplío.

 Entre las caricaturas que fueron llevadas a la pantalla grande se destaca Juan Calzonzin. Calzonzin Inspector  fue un filme que Alfonso Arau dirigió como una sátira política. Misma en  la que el personaje central era un indígena versado en la política nacional e internacional. Siendo Calzonzin un personaje de historieta que fue pieza clave en la revista los Super Machos. Otras de los decesos que cimbraron al medio periodístico, teatral y literario, fue el del periodista, dramaturgo  y narrador, Jaime Avilés, quién a los 63 años falleció de cáncer el mismo día del fallecimiento de Rius.   Requiescats in pace los mencionados, así como el poeta y filósofo transterrado;  Ramón Xirau (muerto el 26 de julio de 2017  en la Ciudad de México). Y  el colimense Víctor Manuel Cárdenas (fallecido el  6 de agosto de 2017).