Balurdo

Sí patrón, sí señor

Iba a iniciar esta columna con la frase “me llama la atención”, pero creoque mejor sería iniciar por aquella que es común escuchar en el argot delabogado “lo que se hace por costumbre se vuelve ley”. Y efectivamente, ya esley que los trabajadores estén en la zozobra y que dependan del voluntarismodel patrón en turno, esto dentro de nuestras estructuras de gobierno y dentrodel particular llamado iniciativa privada. También es común que ya no segarantice y mucho menos se tengan las prestaciones  básicas para la supervivencia en un futuro.Los empleados especializados como lo son los artistas de las artes escénicas,han estado desprovistos desde siempre de toda posibilidad de desarrollosustentable. Siendo un trabajo que es objeto sujeto del voluntarismo de susempleadores, que si bien, en ocasiones emplean millones en promocionales para hacer vox populi, su papel comomecenas y artífices de la cultura y las artes no muestra que sean capaces dedar seguridad a sus empleados que tiene como carta de representación el estadode Jalisco. Músicos y cantantes son subcontratados. Una compañía de teatro nogarantiza los ingresos económicos  másallá de un año del proyecto. Y que por tanta rotación de directores y deactores  tampoco es capaz de generar una propuesta estética y estilística y mucho menosgenerar un repertorio que le permita funcionar como una verdadera compañíaestatal. Son algunos de los ejemplos que podríamos poner en la balanza cuandohablamos de la supervivencia del especialista en artes escénicas.  Mismo que está en el total descuido yabandono aunque en la mercadotecnia se invierta en traer en ocasiones a figurasde proyecciones internacionales, y de palancas fuertes, para hacer notorioalgunos proyectos o instituciones como la Orquesta Filarmónica  del Estado de Jalisco.  En su momento fue el caso de Alondra de la Parra, que si bien por elrenombre de la directora garantizó  éxitos económicos para las arcas, norepresentó de manera sustantiva cambios significativos  en las condiciones laborales de losempleados. Y esto se debe en gran medida a que las políticas culturales delestado han sido enfocadas a cubrir lo aparencial por sobre lo fundamental. Y demanera sistemática, eso hay que reconocerlo, se ha sostenido y aplicado aquel discurso de “la forma es el fondo”. Sin detenerse a meditar que  la forma es la simple apariencia. Y el fondoes la estructura misma en su interior. El fondo es el soporte y no el decorado.Así las cosas en materia de las artes escénicas, en el estado de Jalisco, se han cuidado las formas pero nolos fondos y trasfondos. Es bueno y necesario que grandes iconos encabecenproyectos culturales. Pero también es justo, y es necesario, que los empleadostengan prestaciones que garanticen su sobrevivencia más allá del momentoefímero.  Que se garanticen sus trabajosy que sus condiciones sean buenas. Que se ponga en la balanza no solo el éxitotaquillero, sino la función social y los servicio que músicos, actores ybailarines prestan a la comunidad.  Sinoestaremos viendo siempre que los talentos de Jalisco abandonan el estado porfalta  de oportunidades.EnJalisco, y en el  teatro, Hugo Salcedo esun ejemplo de ello. Reconocido por todos los estados menos en el propio.  Con homenajes en varios países, pero sin unhomenaje significativo en el estado de Jalisco.

 

Iba a iniciar esta columna con la frase “me llama la atención”, pero creoque mejor sería iniciar por aquella que es común escuchar en el argot delabogado “lo que se hace por costumbre se vuelve ley”. Y efectivamente, ya esley que los trabajadores estén en la zozobra y que dependan del voluntarismodel patrón en turno, esto dentro de nuestras estructuras de gobierno y dentrodel particular llamado iniciativa privada. También es común que ya no segarantice y mucho menos se tengan las prestaciones  básicas para la supervivencia en un futuro.Los empleados especializados como lo son los artistas de las artes escénicas,han estado desprovistos desde siempre de toda posibilidad de desarrollosustentable. Siendo un trabajo que es objeto sujeto del voluntarismo de susempleadores, que si bien, en ocasiones emplean millones en promocionales para hacer vox populi, su papel comomecenas y artífices de la cultura y las artes no muestra que sean capaces dedar seguridad a sus empleados que tiene como carta de representación el estadode Jalisco. Músicos y cantantes son subcontratados. Una compañía de teatro nogarantiza los ingresos económicos  másallá de un año del proyecto. Y que por tanta rotación de directores y deactores  tampoco es capaz de generar una propuesta estética y estilística y mucho menosgenerar un repertorio que le permita funcionar como una verdadera compañíaestatal. Son algunos de los ejemplos que podríamos poner en la balanza cuandohablamos de la supervivencia del especialista en artes escénicas.  Mismo que está en el total descuido yabandono aunque en la mercadotecnia se invierta en traer en ocasiones a figurasde proyecciones internacionales, y de palancas fuertes, para hacer notorioalgunos proyectos o instituciones como la Orquesta Filarmónica  del Estado de Jalisco.  En su momento fue el caso de Alondra de la Parra, que si bien por elrenombre de la directora garantizó  éxitos económicos para las arcas, norepresentó de manera sustantiva cambios significativos  en las condiciones laborales de losempleados. Y esto se debe en gran medida a que las políticas culturales delestado han sido enfocadas a cubrir lo aparencial por sobre lo fundamental. Y demanera sistemática, eso hay que reconocerlo, se ha sostenido y aplicado aquel discurso de “la forma es el fondo”. Sin detenerse a meditar que  la forma es la simple apariencia. Y el fondoes la estructura misma en su interior. El fondo es el soporte y no el decorado.Así las cosas en materia de las artes escénicas, en el estado de Jalisco, se han cuidado las formas pero nolos fondos y trasfondos. Es bueno y necesario que grandes iconos encabecenproyectos culturales. Pero también es justo, y es necesario, que los empleadostengan prestaciones que garanticen su sobrevivencia más allá del momentoefímero.  Que se garanticen sus trabajosy que sus condiciones sean buenas. Que se ponga en la balanza no solo el éxitotaquillero, sino la función social y los servicio que músicos, actores ybailarines prestan a la comunidad.  Sinoestaremos viendo siempre que los talentos de Jalisco abandonan el estado porfalta  de oportunidades.EnJalisco, y en el  teatro, Hugo Salcedo esun ejemplo de ello. Reconocido por todos los estados menos en el propio.  Con homenajes en varios países, pero sin unhomenaje significativo en el estado de Jalisco.