Balurdo

¿Qué hago con este amor?

¿Qué hago con este amor? Me lo trago; pero después lo vomito, y sólo me queda un sabor  amargo en la boca”. Lo anterior forma parte de Diálogo entre el enterrador y un zapatero de Felipe Reyes Palacios. Obra que en 1976 es publicada por la revista  Tramoya. y que le diera una vital trascendencia a su autor mismo construyendo un texto,  de una fuerza expresiva y solidez  temática, que explora las motivaciones, sentimientos y visiones de un personaje que siendo el borracho del pueblo se confronta a sí mismo. Todo ello tras un hecho accidental. El beodo de oficio zapatero, en una de sus andanzas etílicas, cae accidentalmente  en una fosa abierta. El ruido que genera atrae al velador del panteón  y el zapatero en su delirio lo confunde con Dios. Esto a partir de que el velador lo deslumbrada con su linterna. Así las cosas el personaje protagónico  comienza a desnudarse anímicamente frente a un enterrador que de momento le sigue el juego y escucha su confesión. Algo así como el psicoanalista espontaneo que escucha al paciente en shock.y hace una serie de intervenciones en un personaje que va develando  su personalidad, sus íntimos motivos, y la resolución de sus conflictos. De frente a la posibilidad de estar muerto el  zapatero, se presenta, se  enfrenta y confronta al tótem paterno. Invistiendo al zapatero primeramente de Dios y a posteriori  dándole la investidura del padre que genera en el borracho toda una problemática en la cual el hacedor de calzado justifica su ser.

Edipo enfrenta a su padre ante la posibilidad de su muerte. Esto ésta de trasfondo y es una parte medular en la obra y su resolutiva de frente a la paranoia la inestabilidad del sujeto que enfrenta a su máscara que es su adicción, entendiéndose  que en el psicoanálisis el termino máscara es el sinónimo de personalidad.

El zapatero con personalidad de inestable y de vicioso explora su máscara y se descarna para mostrar al ser humano frágil y soterrado. De ahí el hecho de estar en el interior de una tumba abierta. La desnudez de su interior que brota ante el hecho de estar frente al gran tótem. El deseo de poseer, como una negación del propio ser, es una de las conflictivas que la obra ofrece y lo cual la hace ser una de los textos importantes de dramaturgia mexicana del siglo XX.

La obra trata el conflicto del ser de un mexicano que es víctima de sus propios fantasmas. Es un arquetipo de un sector de la humanidad que ha caído en la trampa de su propio ser y que en la obra de teatro de Reyes Palacios se descubre en posibilidad de redimirse a sí mismo. De sí y para sí.  Una obra que sin ser un “intertexto”  de Raúl Costa Olivieri  toca el fenómeno de la ebriedad como un ocultamiento  soterrado de las emociones y sentimientos primigenios.  Todos los que son borrachos/ no es por el gusto de serlo,/ sólo Dios conoce el alma/que palpita en cada ebrio... –dice Raúl; el poeta  argentino autor de  “Tabernero”- El ser humano con su conflictiva y de frente a un posible testigo, juez y parte se refleja en la obra de Felipe Reyes Palacios. Una obra que a diferencia del poema vuelto tango de Raúl Costa Olivieri  muestra que el beodo se  muestra, en su desnudez anímica, de frente al gran tótem, esto  es de cara al enterrador  que es confundido y  elevado a la personalidad de Dios con posibilidad de ser juez y no es de frente al tabernero que es un símbolo de instrumento de continuidad y no de sanación espiritual. Ya que hablamos de amor: Feliz 14 de febrero.