Balurdo

Travesías de un Café llamado Treve

Hace unos  días, mi esposa y yo, coincidimos, en una cafetería, con el  narrador Juan Carlos Gallegos.  Y Gallegos traía consigo un libro que me envío Javier Ponce. El académico  e investigador de la facultad de letras hispánicas de la Universidad de Guadalajara  me hizo llegar un ejemplar  facsímil de Travesías de un Café. Una edición de 80 páginas realizada de manera colaborativa y que tiene los textos de varios autores. Quienes en el inicio de los noventas convergieron en un objetivo.  Generar un documento histórico que fuera constancia de la importancia de un espacio de convivencia. El,  hoy,  desaparecido café Treve;  que tuvo su último domicilio en la calle 8 de Julio.  Una joya para coleccionistas de libros, y que además del valor artístico,  es una bio-bibliografía  de vital importancia para la historia y la historiografía de la ciudad capital del estado de Jalisco. Un texto donde además de encontrar propuestas plásticas  de Gustavo Curiel,  de Rafael Zamarripa y de Salvador Rodríguez  Castañeda se puede leer diversos textos en diversos géneros literarios y conocer la visión entorno a un  espacio donde convivían diversos parroquianos, con una diversidad de ideologías, necesidades y propuestas, muchos de los cuales al día de hoy, ya no están entre nosotros. Lo mismo que el espacio, que algunos de los que leen esta columna conocieron.  En una reunión hace meses le pedí a Ponce que si tenía un ejemplar  de travesías de un café me hiciera llegar una copia. Yo conocí el lugar y fue hasta casi su cierre uno de los sitios en que solía pasar mucho tiempo, leyendo y escribiendo. Tal como se menciona en el mismo libro. Dentro de los personajes que siempre atraparon mi atención fue Jorge Munguía Martínez. Un destacado maestro de náhuatl, que era admirado por muchos de los asistentes al café.

En el Treve, Jorge Munguía solía pasar más de 10 horas en el espacio y era en gran parte el alma del lugar en su estancia cotidiana.  Su mesa que estaba en la entrada era un espacio en el que podías ver desfilar a diversas personalidades. Académicos universitarios, periodistas e investigadores, solía pasar un rato junto a él. Estuviera despierto o dormido; igual se le acompañaba.  Cabe mencionar que era un venerable anciano que fumaba pipa, vestía  traje oscuro y un moño puesto con precisión  sobre una camisa blanca.  Además de Munguía asistía manera regular uno de los compañeros de tertulia de Juan Rulfo y ramón Rubín. El escritor Alfonso Toral Moreno, quien posterior a la muerte de Munguía y la desaparición del Treve siguió fiel al sabor del café que era preparado por los hermanos Valdivia.

En el Café dVal fundado por Trino Valdivia y que hoy continua la tradición conjuntamente con sus hijos.  El Treve fundado por Ramón Valdivia y Trino fue un espacio que cumplió como espacio su función ritualista. La sociabilización de una sociedad en un espacio de intercambio y flujo de ideas . Acto que impulsa y desarrolla la cultura y las artes.  Así como a la sociedad misma.  Esto es en gran medida valor del Libro Travesía de un Café un documento donde se da fe de un patrimonio tangible e intangible.  El libro cuenta con textos teatrales de Héctor Monteón, y de Abraham González  Sánchez. También se vierten las reflexiones de Gabriel Gutiérrez Mójica, Efraín Franco, Jesús Hernández, Aurora Cortés y de muy querida Chelito Pruneda.  Y encontramos letras de poetas como Carlos Prospero también columnista de MILENIO. Todos con un mismo tema. El espacio de un café como detonante del movimiento y el desarrollo.