Balurdo

Teatro preparatoriano

La semana pasada por invitación de la maestra María Catalina Munguía Huerta,  del Plantel número uno del  Colegio de Bachilleres del Estado de Jalisco,  asistí a ver una serie de escenas teatrales que como parte del cierre de semestre presentaron los alumnos: Mónica Esmeralda Vizcaíno, Karla Jazmín Ramírez. Carlos Márquez Aviña, Jessenia Lizeth Gutiérrez,Amalia Guadalupe Hernández, Athziri Joceline Lozano Ceballos, Laura de Jesús Franco Pacheco, Jocelin Citlali, Alicia Fernanda Salazar y Marco Antonio Contreras, mismos que en la compañía de otros jóvenes preparatorianos hicieron un ejercicio actoral.  A simple vista, nada más allá de un trabajo escolar. Pero a su conocimiento y a su nivel pusieron el corazón en la escena. Eso me llamó la atención. En términos de balance podría decirse que fue un buen inicio de exploración del fenómeno escénico. A su forma y a su manera.Recordé, al momento de verlos en acción, que el germen propio de la necesidad de actuar se da con mayor énfasis en la etapa de la adolescencia. Con  el riesgo que esto implica. Una total falta de técnica, un desconocimiento del trazo escénico, pero una gran capacidad de imaginación, deseo de hacer e ilusión en lo que se hace, y sobre todo,  el arriesgue. Eso que observé son referencias que tenemos muchos de nosotros que hemos subido al escenario con sólo ímpetu de hacer teatro. Así suelen nacer las vocaciones en el arte. Un poco la prueba con el consabido error y con el acierto de continuar, buscar, experimentar y recibir, con sus tiempos y procesos,  el conocimiento de parte de quienes ya han hecho oficio con la práctica y el estudio. También pensé que tal vez en el simple hecho de pasar una materia, como lo es literatura, alguno de estos jóvenes preparatorianos quizás encuentre su vocación por las artes. Un camino que suele ser bastante gratificante, pero también muy demandante. Pero en el precio está el pago. El desarrollo de las habilidades psicomotoras y el desarrollo intelectivo son algunas de las ventajas que la práctica teatral conlleva. Un desarrollo de habilidades que siendo llevadas en la dirección correcta pueden llevarnos al terreno de lo sublime. Lo cual también puede caer en lo opuesto. Un ejercicio mal llevado de actuación puede llevarnos a un caos y a un desequilibrio. Gajes del oficio diría un amigo. Esas son las maravillas del teatro diría un actor de reparto. Lágrimas y risas. Dolor y alegría. Son los opuestos que el ejercicio escénico conlleva. Así las cosas, el teatro es el reflejo de muchas condiciones y situaciones. Ata y desata, y  al mismo tiempo que ofrece un mundo de posibilidades las contiene. Posibilidades que los jóvenes de esta preparatoria ya degustaron.  Y con ello ya se cumplió uno de los objetivos del teatro escolar. El acercar al fenómeno artístico a los adolescentes en formación. Mi agradecimiento a la maestra Catalina Munguía por invitarme a observar el trabajo de exploración de sus alumnos de la Basilio Vadillo en Tonalá.