Balurdo

Del Mito al Rito. Un teatro de la Superstición

Recientemente leí el libro Supersticiones de Jorge Granero. Un libro de carácter reflexivo en donde encontré algunas anécdotas en torno a la construcción del mito. Esa mentira que crece, se reproduce y hasta puede constituirse en una verdad sin verdad. Su lectura me llevó a pensar en cuales son los mecanismos y estructuras que hacen válida una creencia y la transforman en una  posibilidad de ser verdad, y como ésta interactúa en un proceso de sociabilización construyendo y reconstruyéndose en el imaginario colectivo. El mito y la función del rito. Pensé entonces en ese teatro que nace en base al germen de lo posible. El engaño que se vuelve realidad. La realidad que se vuelve engaño. También pensé en ese teatro que cuestiona la creencia. Tal es el caso de Jesús, María y José del dramaturgo Félix Vargas Molina. Una obra escatológica en donde los personajes se preparan sistemáticamente para ser mitificados. Personajes que surgen del desecho. De la basura al mágico encumbramiento. Así las cosas la mitificación de Jesús va gestándose en la supervisión de la madre María. Quién lo va educando para ser el gran tótem. Tan sólo para  que el redentor emanado del basurero logre, a través de la inmundicia, su elevación a nivel de líder.  Un teatro irreverente con un tratamiento surrealista y con un claro matiz a la Bertolt  Brecht. Teatro de dualidades estéticas y estilísticas. Siendo Jesús, María y José  una propuesta dramática que tuvo su cúspide, en  la Guadalajara de los finales del siglo XX. Siendo Félix Vargas un dramaturgo que desde de su silla de ruedas cuestionó al mito en una Guadalajara que no sabía ser cosmopolita, y que no podía dejar de ser la ciudad de la doble moral. La urbe de las entretelas del buen ser, el buen decir, el buen hacer...  Jesús, María y José es sin duda una obra dramática de un jalisciense que tiene en su haber una cruda ironía. Una visión diferente de la tradición cristiana.  En gran medida una apostasía o tal vez con mucho empeño una herejía. Pero sea cual fuera el adjetivo, con que la juzgásemos, esta obra de Vargas Molina es una  obra cruda de una temática dura y con una precisión que desnuda a una sociedad.  No es la humildad representada en un pesebre lo que hace al mito;Es el desperdicio de una sociedad en el cual se gesta el personaje de Jesús. La madre que impone al hijo una función y una misión, el padre pordiosero, al igual que la madre, que impulsa al hijo a un destino funesto. Una obra de revisiones. ¿Hasta donde es el deseo del hijo el ser la figura sacralizada?¿Hasta donde es solo las patologías de los padres lo que impulsa al futuro gran tótem?La trilogía del padre, madre e hijo tienen por fortaleza la miseria que engendra y hacer crecer desde sus profundidades al gran tótem.  Una perla negra ensimismada en la profundidad de su ostra.