Balurdo

¿Lucrar, o no lucrar? es la cuestión

Cuando hablamos de una Secretaría de Cultura pensamos en, qué será, un órgano rector de las políticas de promoción, difusión, y de consolidación de proyectos.  No la visualizamos como un casero con intenciones de ganarse la langosta a costa de quién, por necesidades de dar a conocer un producto cultural y artístico, tenga que recurrir a solicitarle un espacio. Digo esto por lo que recientemente se ha venido ventilando a raíz de las marchas y protestas.   El hecho de   ver a la comunidad escénica como un cliente, y no como un aliado coparticipe, ésta ha sido una visión que en el pasado con sus matices se ha planteado. Pero, que en el presente, es una realidad latente. Situación  que sin duda se debe a una visión muy parcial. La misma que denota un desconocimiento sobre las implicaciones del papel de una institución como la Secretaría de Cultura. Improvisación, y falta de oficio, podrían ser algunos de los adjetivos con los que se ha etiquetado, y que se podría etiquetar esta nueva etapa, sin embargo, podríamos definir todo el “quilombo” en una buena intención  pero con las carencias propias de una mala política cultural que se viene arrastrando desde décadas atrás y que hoy se patentiza.  Los costos por renta de los espacios de la Secretaría están alejados de toda realidad económica para los hacedores de la cultura y las artes, incluso algunos “gastos de operación”. Mismos que en lo general no viven en exclusividad del quehacer escénico e invierten, con sus bemoles,  lo recursos financieros que obtienen de otras actividades. La cultura y las artes en el estado de Jalisco no han dejado de ser el resultado de esfuerzos ciudadanos que recurren a las instancias de gobierno, las muchas veces, tan sólo para solicitar al estado un espacio. Un espacio que no representa una posibilidad real de recuperar lo invertido, ya que en el esquema del “préstamo” convenido no existe en tiempo-espacio una capacidad de recuperación que permita hacer un negocio lucrativo de la escena.  Una temporada que represente una recuperación efectiva tendría que durar tres meses como mínimo en un espacio y en ese lapso debería tener una buena difusión. Lo cual de entrada plantea una situación; el esquema de rotación de las obras a representar en los espacios oficiales no garantiza una recuperación siquiera de lo invertido en la producción de un montaje.  Razón por lo cual aunque se tengan buenos deseos como los jueves de teatro que busca incentivar la generación de nuevos públicos. La escasa asistencia del público, la escasa difusión, y el costo excesivo en la renta de los espacios se constituye en una fuente adversa para el teatro.