Panóptico

Tigres y "Tuca" Ferretti superan a los XV de Rubí

En contraste con el malestar popular ante el incremento de los impuestos, que acelera el desgaste de los liderazgos políticos (si es que aún quedan), el campeonato de los Tigres cambió el rostro de la gente.

Las masas tuvieron dos festejos el fin de semana: el de Nochebuena en familia el sábado, y el del campeonato que los Tigres regalaron a su afición la noche de Navidad y que opacó los XV de Rubí.

El apretado triunfo hizo lo que muchos políticos nunca han podido hacer: sacar a las calles y en plena medianoche a decenas de miles gritando eufóricos con banderas de su equipo.

Toda una clase práctica sobre el comportamiento de las masas siguiendo a un líder, a una figura que mueve multitudes y que la noche del domingo pareció recaer en el entrenador del equipo, Ricardo Ferretti, símbolo de la palabra mágica: Tigres.

Al director de multitudes al que se refiere Gustave Le Bon para explicar el comportamiento de las masas, se le atribuye una especie de poder misterioso e irresistible al que bautiza como prestigio.

Dice Le Bon: El prestigio es una especie de fascinación que un individuo, una obra o una idea ejercen sobre nuestro espíritu. Esta fascinación paraliza todas nuestras facultades críticas y llena nuestra alma de asombro y de respeto.

Los sentimientos entonces provocados son inexplicables, como todos los sentimientos, pero probablemente del mismo orden que la sugestión experimentada por un sujeto magnetizado.

Le Bon distingue entre el prestigio artificial que dan las riquezas, los apellidos o la tradición, del prestigio personal del que poquísimos gozan en el mundo y por lo mismo se imponen como jefes, como líderes naturales a quienes todos obedecen.

Sólo hay que aclarar que el prestigio personal que cimienta a un líder depende de su éxito. Si fracasa, el prestigio desaparece. ¿Quién sería hoy el Tuca Ferretti sin el prestigio del campeonato?

Sería lo mismo que un político fracasado, que perdió el prestigio, el liderazgo y la obediencia por decisiones erróneas. ¿Ya pensaron en algún ejemplo?

javier.sepulveda@milenio.com