Panóptico

Hay sillas de mando y hay niveles…

En la historia política de México, referirse a la silla presidencial tiene múltiples connotaciones. Representa el trono desde el que ejerce quien ostenta el máximo cargo: la Presidencia de la República

Algo mágico despliega ese mueble que, desde la antigüedad, usaban los reyes: fastuosas sillas de mando, tronos de respaldos altos y finos acabados.

Hoy que se conmemoran 105 años de la Revolución Mexicana, vale la pena recordar que cuando Pancho Villa y Emiliano Zapata se trasladaron con sus ejércitos a la Ciudad de México, entraron al Palacio Nacional para dejar instalado al presidente Eulalio Gutiérrez y utilizaron la silla presidencial para tomarse una fotografía que hoy es histórica.

Ninguno se enfermó de poder, por el contrario, días después dejaron la capital para seguir combatiendo por la causa revolucionaria, Zapata al frente del Ejército del Sur y Villa al mando de la División del Norte.

La canción villista El mayor de los dorados inicia con aquel episodio: Fui soldado de Francisco Villa / de aquel hombre de fama mundial / y aunque estuvo sentado en la silla / no envidiaba la presidencia (...).

Hay quienes como Zapata, prefirió no sentarse cuando la tuvo enfrente. Argumentó que quien la usaba se convertía en un hombre malo.

Le cedió el espacio a Villa. Otros prefieren enviar la silla de mando a un museo bajo la creencia de que enferma a quien la usa de poder y egolatría.

La verdad, muchos ni silla necesitan, con un ladrillo o una cuenta de Facebook tienen para enfermarse.

Pancho Villa no se enfermó, pese a que la fotografía de Casasola lo registra sentado en la llamada primera silla presidencial que usaron Benito Juárez, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero y Victoriano Huerta.

Tampoco se enfermó Emiliano Zapata, quien recargó su mano derecha en el descansabrazos, cuando se tomó la foto junto con Villa aquel 6 de diciembre de 1914.

Las mejores sillas de mando de Villa y de Zapata fueron las de sus caballos, desde las que combatían. Ambos generales revolucionarios morirían años después, traicionados en sendas emboscadas
Cada quien se pone el saco que le va bien y usa la silla que menos le enferma o por lo menos, la que le causa menos ruidos internos. Hay sillas y hay niveles...


javier.sepulveda@milenio.com