Panóptico

Salud mental escolar: síntoma familiar y social

La Organización Mundial de la Salud define a la salud mental como un "estado de completo bienestar mental, físico y social, y no meramente la ausencia de enfermedad o dolencia".

La salud mental, entonces, la determinan y la refuerzan múltiples factores que pueden ser, por ejemplo, la estabilidad económica, amorosa, escolar y laboral que permita el cumplimiento de metas, además de un buen ambiente social, contribuyen a mantener el equilibrio en la salud mental.

Por eso escandalizan los resultados obtenidos por las secretarías de Educación y de Salud de Nuevo León, en el sentido de que casi 50 mil alumnos tienen riesgo medio o alto de violencia, reflejan no solo una grave crisis escolar, sino también familiar y social.

Cuando ocurrió, hace un año, la tragedia en el Colegio Americano del Noreste, las autoridades se apresuraron a imponer acciones preventivas, pero aún así, siguieron ingresando armas a las escuelas, porque finalmente el riesgo de violencia proviene de las familias y de la calle misma.

Y el 2018 llega con malas cifras sobre muertes violentas y feminicidios. Cómo exigir salud mental de nuestros hijos, si vivimos impactados por la violencia, que también puede ser psicológica.

Escuchar motivadores por televisión y radio que dan recetas de emprendimiento, liderazgo, felicidad y conquistas amorosas no curan la depresión, la ira y la envidia.

Se requieren compromisos afectivos reales en nuestros círculos familiares, pero también en los sociales, que incluyen la escuela, los lugares de trabajo y el gobierno.

Nos quejamos del alto índice de trastorno bipolar, pero nos parece muy natural la hipocresía de la doble moral.

En Facebook nos pintamos como virtuosos, ecologistas y piadosos, pero dentro de casa o la oficina somos los perfectos tiranos. Y con eso alimentamos a los hijos, a la pareja y a los subalternos.

Pero nos quejemos luego de la violencia generalizada.

javier.sepulveda@milenio.com