Panóptico

Padrastros asesinos... ‘animales humanos’

En la literatura infantil existen muchos cuentos de autores reconocidos que narran historias de brujas que lanzan hechizos sobre doncellas a las que envenenan, las destierran, las mandan a dormir o las hacen sus sirvientas.

En la realidad descarnada, esas brujas no son otras que las madrastras, las tías, las profesoras o incluso la madre biológica que, envidiosas, no pueden tolerar la juventud que toca a la puerta de esas adolescentes con toda su belleza y esplendor, mientras en ellas las arrugas y las canas las hacen sentirse en segundo plano.

Creen que su encanto femenino se va junto con la fertilidad, pero el presidente electo francés, Emmanuel Macron, les dirá que están equivocadas.

Y salvo la expresión de una cachetada de padrastro, las historias sobre villanos varones dejan ver menos la envidia entre hombres en una sociedad machista, pero rebuscando, los superhéroes masculinos son siempre jóvenes vigorosos (Spiderman, Batman y Robin, Superman, Thor, Linterna Verde, Ironman) que enfrentan a enemigos horrendos, viejos y resentidos contra la humanidad y el propio superhéroe.

Citamos estos ejemplos de la literatura infantil, los cómics y las animaciones, para entender mejor las historias de los dos padrastros que asesinaron a los bebés de las concubinas con las que viven, o vivían, porque ya están tras las rejas.

Se trata de hombres jóvenes y con bajo nivel de educación, pero tal vez el componente común más llamativo sea que sus respectivas parejas esperan hijos suyos.

Todos conocemos historias de padrastros y madrastras que tratan muy bien a los primeros hijos de sus cónyuges y los adoptan como propios, pero también de otros que les dan trato cruel, como a Cenicienta, los golpean y los humillan.

Pero dos padrastros asesinos en menos de 10 días en Nuevo León, habla de un odio criminal que rebasa cualquier ficción.

Son asesinatos difíciles de evitar, ya que las víctimas son incapaces de denunciar a sus verdugos y no hay nada qué hacer si sus madres también callan, más por temor, que por amor.

Matar a los cachorros ajenos... el animal humano en su máxima expresión.

javier.sepulveda@milenio.com