Panóptico

Los niños, los "crucificados" de Cuaresma

El acto deleznable de robar el cuerpo de un neonato tiene muy despreocupadas a las autoridades, seguramente porque la familia afectada no tiene apellidos dobles ni influencias en el Palacio de Gobierno.

El bebé de casi ocho meses de gestación fue extraído del cuerpo de su madre moribunda, luego de que ella resultara con heridas graves en un accidente automovilístico.

La mujer murió y según el reporte oficial del hospital de Pemex de Cadereyta, el neonato le fue extraído por cesárea, pero sin vida.

Sin importarles la tragedia, el cadáver del niño fue robado en algún punto entre el hospital de Pemex y su traslado en ambulancia a la morgue del Servicio Médico Forense del Hospital Universitario.

El hombre que perdió a su esposa reclama, con razón, el cadáver de su pequeño bajo un argumento muy lógico: mientras no aparezca el cuerpo, su bebé está con vida. La sospecha es que nació vivo y se lo robaron en el hospital. No sería la primera vez. 

Pero preocupa que no se oigan las voces de la procuradora de la Defensa del Menor y la Familia, Ana Bertha Garza, asesorando a la familia y presentando una denuncia de hechos ante el Ministerio Público.

El poco interés de la Procuraduría de Justicia para resolver este caso ha generado rabia e impotencia entre la comunidad de Cadereyta.
Otro caso que nos debería hacer sentir vergüenza como sociedad es la aparición del cadáver de un bebé de tres meses de nacido entre la basura recolectada en San Pedro por un camión del servicio de limpia.

Esos hechos hablan de una deshumanización grave. En el primer caso hay personal del área de la salud involucrado en un delito, cualquiera que haya sido el destino del neonato, vivo o muerto.

En el segundo se trata, probablemente, de una madre avergonzada de haber tenido un hijo de manera clandestina para la familia y sociedad. Pero tirar a la basura el cuerpo no es un acto de vergüenza, sino de delincuencia.

El próximo 30 de abril se festeja el Día del Niño, una fecha convertida en más mercadotecnia que acciones reales para la procuración del bienestar infantil.

Y mientras los funcionarios andan apurados por promover su imagen y como Pilatos, se lavan las manos, nuestros niños, sangre inocente, son crucificados por omisión…

javier.sepulveda@milenio.com